Cuestión de vida o muerte
Los recursos siempre serán insuficientes y los gobiernos permanecerán bajo presión de comunidades por nuevas obras, pero el dinero para el mantenimiento y fiscalización rigurosa de las existentes debe ser prioridad.
La tragedia del Jet Set parecía un punto de inflexión para una gestión oficial de revisión de escuelas, hospitales, edificios gubernamentales y privados
Somos reactivos y optamos por los operativos ante el agravamiento de problemas, cuya solución correspondía a una planificación de mediano o largo plazo. Después de que impactantes hechos se evaporan de las portadas de los diarios y las viralidades desaparecen de las redes sociales, volvemos a la cotidianidad burocrática. Un caso tumba otro. Relegamos y relegamos…
Las plantas de gas propano en zonas inadecuadas, las patanas que aterrorizan en carreteras, motociclistas que caotizan y matan, incendios que revelan incapacidades de cuerpos de bomberos, son temas que van y vienen. Enorme, asfixiante parloteo en cada momento para luego volver a la rutina de inseguridad y desamparo. Una verdadera tragedia nacional.
La fiscalización y supervisión, de necesaria sistematización afloran, en el caso del tránsito, por ejemplo, para los feriados de Semana Santa, Día de la Altagracia y Navidad y Año Nuevo. Solo para esos períodos se requiere que los vehículos tengan neumáticos adecuados, luces delanteras y traseras; que los pesados circulen por el carril derecho y que las camionetas no lleven personas colgando en sus “camas”. Con relación a las otras amenazas, “allante y movimiento” en los días posteriores a las tragedias.
Ahora, ante la conmoción por los centenares de muertos provocados por los dos potentes terremotos, 7.2 y 7.5 en la escala Ritcher, en medio de los hermosos gestos de solidaridad con el pueblo venezolano, escucharemos todo tipo de advertencia sobre posibilidades de remezones en el país y la incapacidad de afrontar fenómenos de similares magnitudes.
Profesionales de la ingeniería y geología han hecho advertencias desde hace años, de que “nos toca un terremoto de importancia”, partiendo de los ciclos de estos fenómenos y de las fallas identificadas en la isla. Y ante cada caída de casas, puentes, edificios comerciales han reiterado denuncias sobre fallas estructurales debido a irresponsabilidad de constructores y falta de fiscalización adecuada.
La tragedia del Jet Set parecía un punto de inflexión para una gestión oficial de revisión de escuelas, hospitales, edificios gubernamentales y privados de grandes concentraciones de personas. ¿Qué se ha hecho? ¿Dónde está el levantamiento con las evaluaciones y posibles soluciones? ¿Y el dinero?
La Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (Onesvie) ha informado en diferentes momentos de evaluaciones de edificios de uso público, pero se desconoce la magnitud del trabajo y la identificación de los lugares en capacidad de asimilar movimientos sísmicos y la escala de resistencia.
La institución ha formado ingenieros en la especialidad sísmica, ha creado redes de observación, firmado acuerdos de colaboración con el CODIA y la con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Pucamaima) para la creación de un centro especializado en la gestión integral del riesgo de desastres.
Pese a esos anuncios, torrenciales aguaceros han desnudado debilidades estructurales en distintos tipos de construcciones, mientras crece la angustia ante posibilidades de sismos como los de Venezuela y el de Haití, en 2010, en el mismo espacio isleño compartido con saldo de unos 300 mil muertos.
La caída del techo de una discoteca hizo necesaria asistencia técnica privada e internacional. El Gran Santo Domingo y Santiago concentran cientos de torres, plazas comerciales y otros grandes edificios de variados usos, al margen de las construcciones realizadas con escasos presupuestos o puestas en manos de irresponsables. Además, de antiquísimas obras públicas sin mantenimiento adecuado.
Los recursos siempre serán insuficientes y los gobiernos permanecerán bajo presión de comunidades por nuevas obras, pero el dinero para el mantenimiento y fiscalización rigurosa de las existentes debe ser prioridad. Si hay que disponer la destrucción de un edificio, casa, puente, para prevenir desgracias, hacerlo sin miramientos. Es cuestión de vida o muerte.
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