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El devastador síndrome del corazón roto

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Manuel Vólquez, periodista.

La prensa internacional ha dado amplia cobertura al caso de una activista mujer franco-iraní que falleció de tristeza tras la muerte de su esposo, el amor de su vida. Se trata de Marjane Satrapi, de 56 años, conocida en el mundo por su serie de novelas gráficas "Persépolis". La obra, publicada en el año 2000, es una secuela que relata la historia de esa dama durante y después de la Revolución Islámica. Ocho años después, su adaptación cinematográfica fue nominada al Oscar a la mejor película de animación. Su compañero murió en abril de 2025, a los 53 años de edad. En esa ocasión, Satrapi publicó un mensaje de duelo en el diario LeFigaro, en París, anunciando su deceso.

A partir de ahí, su vida se desmoronó. Fue atrapada por una depresión severa, que a menudo acompaña a la tristeza profunda. Sufrió del llamado “Síndrome del corazón roto”, un cuadro clínico de cómo un evento emocional extremo puede afectar directamente al corazón. Este episodio se desencadena después del deceso de un ser querido y sus síntomas imitan los de un infarto: dolor en el pecho, dificultad para respirar y arritmias. El riesgo de complicaciones cardíacas aumenta durante las primeras semanas y los estudios indican un incremento del 57% en la probabilidad de sufrir un paro cardíaco entre los días 14 y 18 del duelo.

¿Puede un ser humano morir de tristeza? La respuesta es sí, pues somos débiles emocionalmente hablando. Cuando alguien querido se nos va al mundo del Valhalla del mitológico Rey Odín, sufrimos intensamente esa partida. Se da más ese caso en las parejas de más de 50 años de unión matrimonial. Cuando fallece uno, el otro perece enseguida, pues no concibe vivir en el hogar sin su compañero de años.

El Síndrome del corazón roto impacta por igual a niños huérfanos hijos de madres asesinadas, fallecidas en accidentes de tránsito o por enfermedades cancerígenas. Son varios los factores que generan tristeza o depresión extrema, hasta morir: cuando perdemos a una persona amada, por el rompimiento de una relación sentimental, un inevitable divorcio, la desaparición sin retorno de un familiar, sobre todo niños; impotencia de no encontrar la cura para las enfermedades catastróficas, situación que muchas veces induce a pedir una muerte asistida (eutanasia), cuando recibimos un diagnóstico de cáncer, y otros. No somos los únicos en quedar atrapados en la tristeza, pues ese fenómeno también ocurre en algunos animales irracionales, como los perros, por ejemplo, que son capaces de experimentar emociones profundas luego del fallecimiento de su amo o de otro animal con el que convivían y experimentan cambios drásticos.

Lo de tristeza lo comento por experiencia propia. Tras fallecer mi madre, mi padre le siguió al camposanto pocos meses después. Ambos murieron a causa de un ACV fulminante. Luego perdí a dos hermanos en períodos cortos sucesivos. Uno de ellos era mi gemelo. Siempre los extraño a todos con nostalgias y, a veces, converso con ellos en mis sueños. Además, he sido conmovido por el fallecimiento de algunos amigos de infancia y de colegas periodistas que aprecié mucho, que en vida fueron muy solidarios conmigo.

Naturalmente, he tomado medidas contra la tristeza profunda. He asumido esas emociones psicológicas de forma mental, sin involucrar mi corazón. Cuando se piensa con la mente (no con el corazón), el sufrimiento es más manejable porque hay que continuar viviendo sin olvidar a nuestros seres queridos que ya no están. Eso lo aprendí de los grandes maestros en terapias mentales. La mente humana es una herramienta poderosa que influye en la vida y debemos saberla usar. La forma en que pensamos afecta nuestro estado emocional, la salud física y las relaciones interpersonales. Comprender el poder de la mente puede ayudar a tomar decisiones más productivas. Creo que esa tesis me mantiene vivo, luego de 12 años de ser atacado por un derrame cerebral isquémico con lesiones físico-motoras permanentes y que me sacó del trabajo productivo. Por tanto, no creo que muera de tristeza.

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Manuel Vólquez

Manuel Vólquez

Dominicano, periodista, profesor universitario. Nació en Barahona, República Dominicana.

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