San Juan y Consuelo solo quieren agua
Protestas violentas en San Juan de la Maguana, protestas pacíficas en el municipio de Consuelo.
Dos pueblos distanciados a 277 kilómetros uno del otro, pero unidos luchando por el líquido más preciado de la tierra: el agua.
En San Juan de la Maguana se oponen a la explotación de oro que la empresa canadiense GoldQuest quiere realizar en la cordillera Central, limítrofe con la provincia San Juan.
Alegan, con sobrada razón, que esos trabajos mineros van a contaminar con químicos venenosos el agua de los ríos y afluentes que alimentan toda una región.
Los sanjuaneros no quieren oro. Quieren agua limpia y pura que viene de las entrañas de las montañas. Es su lema.
Por su parte, los residentes de Consuelo no quieren más cuentos de las autoridades, sino que sean favorecidos con el servicio de agua potable. Solo exigen la instalación de un nuevo tanque de suministro.
El viejo tanque que suplía el líquido a la población reventó hace seis meses, por falta de mantenimiento. El gobierno ni sus representantes aún no han hecho nada.
El pasado viernes, la paciencia comenzó a agotarse entre los residentes de Consuelo. Unas 150 personas salieron a las calles a reclamar agua de manera pacífica.
La marcha protesta llegó hasta el edificio que aloja las oficinas del Inapa en Consuelo. Allí fueron recibidos por Miguel Ángel Gómez, subdirector regional quien prometió llevar sus quejas ante Wellington Arnaud Bisonó, director general del Inapa.
Corrió la versión de que los dirigentes del partido oficialista, el Revolucionario Moderno (PRM), ordenaron a sus miembros no participar para no engrandecer la marcha.
Seis meses reclamando la construcción de un nuevo tanque de agua para el sector, y no hay respuesta.
Están jartos de promesas de las autoridades del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (Inapa), del síndico Juan Ignacio Padilla y de la gobernadora Yovanis Baltazar, quienes aseguraron que pronto solucionarían el problema.
Solo reciben pequeños camiones tanque cargados de agua “gratis” que, mayormente, pagan “por la izquierda” entre 400 y 500 pesos a los camioneros para recibir el líquido, según los denunciantes.
Ante la dejadez de las autoridades del Inapa, unos 340 residentes de Consuelo han pagado entre 150 mil y 175 mil pesos cada uno a compañías especializadas para la excavación de pozos y poder extraer el agua que necesitan.
Es decir, que estos dueños de casas han invertido en los últimos seis meses un promedio de 52 millones de pesos para conseguir, por sus propios medios, agua para sus hogares. Increíble, pero cierto.
Tomando como referencia lo que ha sucedido con el ecosistema en Pueblo Viejo, provincia Sánchez Ramírez, donde se permitió la extracción del mineral por parte de la Barrick Gold, la mayoría de la vegetación de la zona desapareció, quedando como testigo mudo grandes planicies de terrenos desolados, vacíos y sin vida.
El gobierno y la Barrick Gold prometieron a los lugareños grandes beneficios por concepto de la extracción del costoso mineral, desarrollo y progreso económico colectivo en la región.
Mentira del diablo. La empresa minera y los políticos que negociaron la explotación de las minas de oro de Cotuí en 2012, quedaron multimillonarios.
El presidente de la República lo era en ese entonces el doctor Leonel Fernández.
Las protestas pasivas de los sanjuaneros concluyeron su ciclo dando paso ahora a las violentas, porque las autoridades no les han hecho caso a sus preocupaciones.
Huelga general, quema de gomas, violencia y desafío a las autoridades ha sido su último recurso.
El presidente Luis Abinader está centrado en buscar dinero para su gobierno, y lo consigue a través de préstamos internacionales bajo el apoyo del Congreso, aunque protesten los opositores.
Si en las lomas de San Juan hay oro, mucho oro, la autorización para la explotación va, sin importar lo que digan los estudios de factibilidad ambiental.
Esos miles de millones en oro el gobierno de Abinader los sacará a las buenas o a las malas. No pueden seguir enterrados allí porque el Estado los necesita.
Lo malo es que las chispas de las protestas por el agua podrían incendiar la pólvora que existe debajo de los pies de los dominicanos por el alto costo de la vida.
Y la paz social sucumbirá ante un caos de protestas callejeras desenfrenadas con consecuencias lamentables.
Rafael Gómez
Periodista dominicano, reside en Nueva York, Estados Unidos. Contacto supergomez1@yahoo.com
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