El mundo del consumidor en crisis
En el mundo del marketing se definen las crisis como oportunidades para unos y pérdidas para otros. Partiendo de este punto de vista deberíamos preguntarnos, ¿Quiénes serán ganadores y quienes serán perdedores en la crisis actual ocasionada por la guerra permanente de Israel y EEUU contra Irán y el mundo árabe-palestino en particular? Ganadores serán los de siempre las élites. Pero, ¿cabe tal apreciación desde el punto de vista del Estado social y democrático de derecho? Evidentemente que no, porque precisamente, se trata de una forma de estado cuyo objeto principal es, repartir las cargas sociales entre todos los integrantes de la sociedad.
De manera particular, sobre aquellos que, eventualmente, serían los más favorecidos. Es decir, una crisis implica la intervención del Estado a los fines de equilibrar desigualdades. Esto se traduce en la colocación de impuestosa los sectores beneficiarios de la crisis, para ir en auxilio de aquellos que resultan perjudicados quienes no son otros más que los consumidores. El Estado neoliberal dijo ser no asistencialista, pero, cuando ocurrió el atentado a las torresgemelas ocasionando la caída de las aerolíneas, el Estado fue en auxilio de ellas, con lo cual, cayó el mito de la inasistencia, cayó el neoliberalismo. Esto no hizo más que validar el Estado social. Ahora se impone que el capital sea gravado para que el asistencialismo opere en lo social como ayer lo hizo con el capital aéreo. Esto implica decir a las élites que no pueden armar crisis y guerras para obtener resultados en desmedro de la sociedad, de la humanidad.
Sin embargo, en el caso del gobierno dominicano, se observa que, no hay un plan encaminado, por ejemplo, a limitar los beneficios de aquellos que se ceban con la crisis. Lo que se observa es, mucha propaganda encaminada a disculpar al gobierno por la crisis que se avecina y, que ya está sobre los consumidores, para que éstos acepten que deben comprar caro para mantener o ampliar el margen de beneficios de los sectores favorecidos con la crisis. Obviamente, esa no es una política social, eso es capitalismo salvaje, neoliberalismo y violación de la constitución, porque se agrede el objetivo principal del Estado social. Bien vistas las cosas, bajo el actual gobierno, se observa un retroceso en toda actividad social, una concentración de la riqueza. Esto es: una explotación salvaje de las clases populares y de la clase media.
Es decir, la crisis usada como palanca para acelerar el proceso de explotación del hombre por el hombre y de la naturaleza. La guerra misma, constituye una actividad económica de sectores poderosos del llamado complejo militar e industrial. Un mecanismo más del capitalismo salvaje junto al marketing, a la publicidad, para engañar a los sectores vulnerables o perjudicados con la crisis, es decir a los consumidores en beneficio del capital. La agresividad del capital es tal que, incluso en sociedades con capitalismo social avanzado, como es el caso de Europa, se intenta arrastrar a esos pueblos hacia el abismo de la guerra.
El gobierno de Estados Unidos fracasó en la política de aranceles, al grado de que la Suprema Corte, le ordenó devolver lo recaudado por ese concepto en todo el mundo. Tan limitado ha quedado el Tío Sam ahora Tío Trump, que, busca dinero en guerras por petróleo, por intermedio de invasiones como la de Venezuela, Panamá e Irán, mientras amenaza a Groenlandia, Cuba y Canada. Todo en el marco de disputas contra China que, evidentemente, no podrá ganar porque en lugar de un orden mundial está creando un caos mundial.
Resulta que, desde 2015, China tiene ya más millonarios que EEUU, pero de un modo diferente pues en China no mandan los multimillonarios sino el partido comunista, es decir la riqueza sigue siendo social y se sigue luchando contra la pobreza y en pro del bienestar de la humanidad desde una posición integral.
Un buen ejemplo de ello es, lo que ocurre con el gobierno dominicano cuando lanza tropas militares en San Juan de la Maguana en contra de ese pueblo y se pone al servicio de una multinacional que pretende dejar a todo un pueblo sin agua potable por unas cuantas monedas de oro. Si realmente hubiese democracia, sería hora de llevar ese tema a un referéndum, sino en el país, al menos en San Juan. JürgenHabermas llamó a eso democracia deliberativa, es decir un dialogo donde el pueblo, democráticamente y sin la presión de las multinacionales, decidiría en las urnas sobre un asunto de su incumbencia, pero ni eso. Pura dictadura del capital, pura hipocresía. Son movimientos que buscan acelerar la explotación, el petróleo sustituye a los aranceles, por tanto, se requiere mantener un ambiente de guerra, se requiere también hablar la necesidad de más recursos para las élites, por eso la necesidad de minas.
Si se pensase en el consumidor, en el ciudadano, se plantearía la necesidad de un plebiscito o de un referéndum constitucional pero no, se prefiere enviar tropas contra quienes hacen un ejercicio democrático de su derecho a decidir que prefiere agua y no oro. El espejo de Cotuí está latente, la conciencia ecológica avanza y va por el camino de que se debe prohibir por completo la minería porque en 48 mil kilómetros cuadrados de isla, no pueden coexistir la minería, el turismo, la agricultura, la ganadería, los asientos humanos y la ecología. Por tratarse de una actividad incompatible por ser no renovable e invasiva y destructivas de otras actividades humanas naturales.
Esta tierra que Manuel Arturo Peña Batlle llamó: “La isla continente” no puede matar su biodiversidad por unas cuantas monedas de oro que, al fin y al cabo, solo dejarán un pasivo ambiental al país y ningún beneficio. Dicho de otro modo, el consumidor tiene derecho a un medio ambiente sano y a que las élites no ejerzan su poder económico sobre el poder político con el propósito de perjudicar al consumidor porque, simplemente dejaríamos de ser un Estado democrático. El primero que debería tener conciencia de esto es el gobierno, sin embargo, parece ser que ha decidido ponerse al servicio exclusivo de las élites. DLh-4-5-2026.
David La Hoz
David la Hoz: Profesor de Derecho Constitucional y Administrativo en la UASD durante más de tres décadas, ha dirigido el Centro de Estudios Constitucionales y se ha desempeñado como Defensor del Pueblo Universitario. Preside FUNDECOM y funge como vicepresidente de ONPECO. Miembro de la Academia Dominicana de Ciencias Políticas, es abogado, investigador y articulista. Autor prolífico, ha publicado más de diez libros sobre derecho constitucional, administrativo, comercial, ambiental y derechos de autor en República Dominicana.
Artículos relacionados
San Juan y Consuelo solo quieren agua
Protestas violentas en San Juan de la Maguana, protestas pacíficas en el municipio de Consuelo. Dos pueblos distanciados a 277 kilómetros uno del otro, pero unidos luchando por el líquido...
Una epidemia motorizada
Los “motoristas” andan como “chivos sin ley” zigzagueando entre los vehículos, “calibrando”. Se calcula en la República Dominicana circulan alrededor de cuatro millones de motocicletas. Poco más, poco menos. Se han adueñado...
Geotecnología: la inteligencia artificial como multiplicador de fuerza
Estados Unidos lidera la revolución tecnológica, pero el ascenso de China y los riesgos internos podrían alterar el equilibrio global En el amanecer de 2026, la historia de la humanidad...