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Guerra contra Irán una amenaza a la estabilidad mundial

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La escalada militar presiona el petróleo y anticipa inflación global

Santo Domingo.- La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán comienza a proyectar una sombra inquietante sobre la economía mundial. Más allá del frente militar, el conflicto amenaza con desencadenar una crisis energética de alcance global que ya empieza a sentirse en los mercados internacionales. Europa y Estados Unidos figuran entre los primeros en experimentar las consecuencias, pero el impacto podría extenderse rápidamente a economías más pequeñas y dependientes de la importación de combustibles, como la de la República Dominicana.

Las primeras señales de tensión se reflejan en el encarecimiento del petróleo y del gas natural. La incertidumbre sobre el suministro ha disparado la competencia entre países compradores, elevando los precios y alimentando temores de una nueva ola inflacionaria que terminaría trasladándose al costo de la vida de millones de ciudadanos.

Uno de los focos de preocupación se encuentra en el estratégico Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo vital por donde transita cerca del 20 % del petróleo y del gas que se comercializa en el planeta. Informes recientes citados por el diario británico The Telegraph señalan que la Guardia Revolucionaria Islámica estaría preparada para bloquear o sabotear la ruta si el conflicto escala.

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En ese escenario, Teherán podría convertir el estrecho en una zona de alto riesgo para la navegación internacional. La amenaza no es menor: cualquier interrupción del flujo energético por esa vía tendría efectos inmediatos sobre los mercados globales.

La tensión se agravó tras ataques a instalaciones de gas natural licuado en Qatar, lo que provocó una caída abrupta en el tránsito de petroleros por Egipto. Según reportes de la industria, el tráfico se redujo en cerca de un 90 %, reflejando el temor de las navieras a operar en una región cada vez más inestable.

Ante este panorama, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que su gobierno está dispuesto a ofrecer seguros estatales y escoltas navales a los buques comerciales que atraviesen la zona. Sin embargo, expertos en seguridad consideran que esa estrategia podría tener consecuencias imprevistas.

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El argumento es que una presencia naval más intensa acercaría a las fuerzas estadounidenses al alcance del arsenal iraní, que incluye misiles costeros y submarinos desplegados en la base naval de Bandar Abbas. Aunque algunos de los sistemas más avanzados han sido neutralizados, analistas sostienen que la capacidad militar restante sigue siendo suficiente para infligir daños significativos y arrastrar a Washington a un conflicto prolongado.

Mientras tanto, el impacto económico ya se hace visible en Europa. En cuestión de días, el precio del gas natural en el continente aumentó cerca de un 53 %, al pasar de 31 a 48 euros por megavatio-hora. Al mismo tiempo, las reservas energéticas de la Unión Europea han descendido por debajo del 30 %, muy lejos del promedio habitual de esta época del año, que ronda el 45 %.

La competencia por el suministro se ha intensificado. Compradores asiáticos están ofreciendo precios más altos que los europeos, lo que ha provocado que varios cargamentos cambien de destino en pleno trayecto. Para economías altamente dependientes de las importaciones, como Alemania e Italia, el escenario resulta particularmente preocupante.

La economía estadounidense tampoco queda al margen. Analistas del banco de inversión Goldman Sachs estiman que un aumento sostenido de 10 dólares en el precio del barril de petróleo podría añadir alrededor de 0,3 % a la inflación en Estados Unidos.

El panorama se complica aún más en el transporte marítimo. Se prevé que sindicatos de marineros declaren la región como “zona de guerra”, lo que permitiría a las tripulaciones negarse a navegar por esas aguas. Paralelamente, los rebeldes hutíes de Yemen habrían ordenado cerrar el Estrecho de Bab al‑Mandab, otra arteria clave del comercio mundial.

Esto obligaría a grandes navieras, como Maersk, a desviar sus rutas alrededor del Cabo de Buena Esperanza, un recorrido que prolonga los viajes hasta dos semanas y encarece los costos logísticos.

El dilema para Washington es complejo. La inacción podría provocar un colapso del comercio energético y disparar el costo de vida en buena parte del mundo. Pero una intervención militar más profunda también podría arrastrar a Estados Unidos a una guerra larga y difícil de sostener políticamente.

En medio de esa incertidumbre, países dependientes de importaciones energéticas —entre ellos la República Dominicana— deberán prepararse para un escenario de precios más altos, presiones inflacionarias y un entorno económico internacional cada vez más volátil. La guerra, aunque distante en lo geográfico, ya empieza a sentirse en los bolsillos.

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