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Capa de ozono: Descubren que su destrucción empezó décadas antes 

Una investigación liderada por el prestigioso MIT revela que la degradación de la capa protectora del planeta comenzó en los trópicos treinta años antes de hallarse el agujero de la Antártida, impulsada por el tetracloruro de carbono.

| | 3 min read
Descubren que el agotamiento de la capa de ozono comenzó décadas antes del descubrimiento del agujero de ozono Zona tropical REMITIDA / HANDOUT por ESA

Científicos detectan daños desde 1957 provocados por un químico de limpieza 

El deterioro de la capa de ozono a causa de la actividad humana comenzó décadas antes de lo que la comunidad científica global estimaba. Un reciente estudio desarrollado por un equipo de investigadores del MIT (Instituto de Tecnologías de Massachusetts) determinó que las primeras señales de agotamiento en la estructura gaseosa protectora del planeta aparecieron en el año 1957, aproximadamente unos 30 años antes del hallazgo oficial del agujero de la Antártida en 1985. 

El descubrimiento altera la cronología histórica del impacto ambiental industrial, ubicando los primeros daños en la estratosfera superior de las zonas tropicales y no en los polos. Esto de acuerdo con la investigación publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences que recoge Europa Press.

De acuerdo al hallazgo,  el compuesto responsable de esta erosión prematura no pertenece al grupo de los clorofluorocarbonos (CFC), señalados históricamente como los principales destructores del filtro atmosférico. El causante directo fue el tetracloruro de carbono, un potente químico industrial utilizado masivamente desde la década de 1930 como disolventes desengrasantes y agentes de limpieza en seco. 

El descubrimiento replantea las auditorías históricas sobre la contaminación global y evidencia la vulnerabilidad climática frente a los compuestos sintéticos persistentes.

Un experimento para viajar al pasado atmosférico

El equipo de investigación, coliderado por la reputada química atmosférica Susan Solomon, aplicó tecnología de monitoreo actual para simular la química del entorno a lo largo de todo el siglo pasado. Solomon, conocida por ser la primera científica en demostrar que los CFC dañaban el continente helado, confesó su asombro ante los resultados del modelo. 

El experimento evaluó un escenario hipotético donde los instrumentos analíticos modernos hubieran estado operativos desde los inicios del desarrollo industrial, permitiendo separar de forma nítida las alteraciones humanas del "ruido" o variaciones climáticas naturales.

Para dar rigor al estudio, el estudiante de posgrado del Departamento de Ciencias de la Tierra, la Atmósfera y los Planetas (EAPS), Jian Guan, detalló que procesaron 16 simulaciones complejas que cruzaron dinámicas climáticas con datos industriales de fabricación y venta. 

Complementando esos datos, se recurrió al análisis de núcleos de hielo extraídos en la Antártida y el Ártico, los cuales funcionan como cápsulas del tiempo atmosféricas. Estas muestras demostraron de manera irrefutable que las concentraciones globales de tetracloruro de carbono iniciaron un crecimiento sostenido a partir de la década de 1940.

Por qué los trópicos sufrieron el primer impacto

Los investigadores explicaron que, si bien la destrucción del ozono ocurría a escala global, la señal antropogénica fue detectable inicialmente en la región tropical debido a que la estratosfera de esa zona presenta una menor fluctuación climática natural. Esto permitió que el patrón de pérdida química resaltara por encima del comportamiento normal de la atmósfera, facilitando su identificación retrospectiva con los algoritmos actuales.

El tetracloruro de carbono comenzó a regularse y prohibirse de manera estricta a partir de la firma del Protocolo de Montreal en la década de 1990, motivado originalmente por su alta toxicidad, sus daños severos al sistema nervioso y su potencial cancerígeno. Aunque sus niveles en el aire han disminuido notablemente desde entonces, el informe concluye enfatizando la importancia de mantener programas permanentes de vigilancia ambiental. 

Los próximos pasos de la comunidad científica apuntan a vigilar de cerca la persistencia de estos componentes químicos residuales, ya que pueden permanecer estables y activos dañando el ecosistema durante décadas.

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