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El Papa León XIV afirma no quiere guerra, quiere la paz

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En su primer Urbi et Orbi, pidió abandonar las armas y vencer la indiferencia

El Papa León XIV presidió este Domingo de Pascua su primera Misa de Resurrección como Pontífice con un mensaje claro y sin rodeos: basta de guerras, basta de indiferencia y basta de justificar la violencia como si fuera inevitable. Desde la Plaza de San Pedro, abarrotada por decenas de miles de fieles, el nuevo Papa situó la Resurrección de Cristo como una respuesta directa a un mundo marcado por el conflicto, la desigualdad y el desgaste moral.

Ante unas 50.000 personas reunidas en la plaza y otras 10.000 en los alrededores, según datos del Vaticano, León XIV denunció los males que, a su juicio, siguen amenazando a la humanidad. Habló de la guerra “que mata y destruye”, de una economía que convierte el beneficio en ídolo y de los abusos que recaen siempre sobre los más frágiles. No fue un discurso abstracto ni distante: fue una radiografía cruda del presente global.

En su homilía, el Papa puso palabras a un sentimiento compartido por millones de personas. Describió la experiencia cotidiana del cansancio, la frustración y la pérdida de esperanza, esa sensación de caminar por un túnel sin salida cuando pesan las decepciones, la soledad o el sufrimiento diario.

Frente a ese panorama, señaló la Resurrección como un punto de inflexión real, no como una idea simbólica. “El mal no tiene la última palabra”, subrayó, invitando a los fieles a convertirse en mensajeros de esperanza allí donde domina el miedo.

Tras la celebración litúrgica, León XIV se asomó al balcón central de la Basílica de San Pedro para impartir la bendición Urbi et Orbi, uno de los momentos más esperados de la Pascua. Desde allí lanzó un llamamiento directo a quienes sostienen las armas: que las abandonen.

Denunció la “globalización de la indiferencia” ante la muerte de miles de personas en los conflictos armados y advirtió del riesgo de normalizar la violencia hasta aceptarla como parte del paisaje cotidiano.

El Papa rechazó con firmeza la idea de una paz impuesta por la fuerza. Insistió en que la paz auténtica solo puede construirse desde el diálogo, no desde la imposición ni el deseo de someter al otro.

“Nos estamos acostumbrando a la violencia”, afirmó, recordando palabras pronunciadas un año antes desde ese mismo lugar por el Papa Francisco, en lo que sería su última Pascua.

León XIV quiso recoger ese testigo. Recordó que la Resurrección no pertenece al pasado, sino que actúa como una fuerza viva capaz de transformar la historia. En ese contexto, citó a san Agustín y animó a “amar la resurrección”, convencido de que es el único camino para romper la lógica de la muerte y la destrucción.

El Pontífice también anunció la celebración de una vigilia de oración por la paz el próximo 11 de abril en la Basílica de San Pedro, como un gesto concreto para mantener viva esta llamada más allá del mensaje pascual.

La Pascua de León XIV deja así una primera imagen nítida de su pontificado: un Papa que habla de fe sin desconectarla del mundo real, que señala las heridas abiertas del planeta y que reclama responsabilidad moral y política frente a la guerra. Un estreno marcado por un mensaje tan antiguo como vigente: sin desarme, sin diálogo y sin compasión, no hay paz posible.

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