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El fuego en Medio Oriente ya quema el bolsillo de dominicanos

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Fletes disparados, crudo más caro y turismo en vilo: el costo local de una guerra que no es nuestra.

Santo Domingo. -El conflicto en Medio Oriente no queda tan lejos como parece. Aunque en el mapa separen miles de kilómetros a República Dominicana de esa zona, en la práctica la distancia se reduce cada vez que sube el petróleo, se encarece un flete o se enfría el turismo. Lo que comenzó como un intercambio de ataques entre potencias ahora se siente en la economía local, sin filtros.

Aquí no hay dramatismo exagerado. Es una cadena bastante simple: sube el crudo, suben los costos; se alteran las rutas marítimas, suben los precios; crece la incertidumbre global, baja el ritmo del turismo. Todo eso termina cayendo, poco a poco, sobre el consumidor dominicano.

El petróleo: el primer golpe al bolsillo

La primera señal de impacto llega por el lado más sensible: el combustible. Irán, pieza clave en el mercado petrolero, vuelve a estar en el centro de la tensión, y eso mueve el precio del barril casi de inmediato. Cuando hay riesgo en zonas estratégicas como el Golfo Pérsico, los mercados reaccionan sin esperar explicaciones.

Plataforma petrolera.

Para un país como República Dominicana, que depende casi por completo de la importación de combustibles, ese movimiento no pasa desapercibido. El alza no solo se queda en las estaciones de gasolina. Se filtra en toda la economía.

El transporte de mercancías se encarece, los alimentos comienzan a reflejar ese aumento en los costos logísticos y la electricidad vuelve a estar bajo presión. Aunque el Gobierno intente contener el golpe con subsidios, esa estrategia tiene límites claros. Es un alivio momentáneo, pero el gasto público se resiente.

A marzo de 2026, el Banco Central mantiene una postura de vigilancia. Las proyecciones siguen siendo relativamente estables, pero el factor externo introduce ruido. Si el petróleo supera los 120 dólares por barril en un escenario más tenso, la inflación podría salirse del rango previsto.

Los expertos coinciden que en  ese contexto, el país enfrenta una decisión incómoda: asumir más subsidios o trasladar el aumento al consumidor. Ninguna de las dos opciones es fácil.

Fletes más caros, productos más costosos

El segundo golpe llega por mar. El comercio global depende de rutas que hoy están bajo presión. El conflicto ha obligado a muchas navieras a rediseñar sus trayectos para evitar zonas de riesgo, lo que implica viajes más largos, seguros más altos y costos operativos mayores.

Para los importadores dominicanos, esto se traduce en facturas más elevadas. Traer un contenedor cuesta más y tarda más. Y ese incremento no se queda en el muelle.

Electrodomésticos, ropa, materiales de construcción y alimentos importados comienzan a reflejar esos ajustes. Es lo que los economistas llaman inflación importada, pero en la práctica es algo más sencillo: todo se pone más caro sin que el ingreso suba al mismo ritmo.

Este fenómeno llega en un momento delicado. Tras meses de presión inflacionaria, muchos hogares apenas comenzaban a recuperar algo de capacidad de consumo. El aumento en los costos logísticos corta ese avance y vuelve a poner freno.

Turismo: el motor que se enfría

El turismo, uno de los pilares de la economía dominicana, también entra en una zona de incertidumbre. No porque el país esté en riesgo directo, sino porque el contexto global cambia el comportamiento del viajero.

Cuando hay conflictos de gran escala, el turismo internacional suele reaccionar con cautela. El aumento en el precio del combustible encarece los boletos aéreos, y la percepción de inestabilidad hace que muchas personas reconsideren sus planes.

El Caribe sigue siendo un destino atractivo, pero el entorno pesa. Si los visitantes reducen sus viajes o gastan menos, el impacto se siente rápido.

Menos turistas implica menos divisas. Y menos divisas presionan la estabilidad del tipo de cambio. Es un efecto en cadena que ya empieza a preocupar a analistas y autoridades.

Aun así, hay factores que juegan a favor. Las remesas continúan siendo un soporte importante y las reservas internacionales del país se mantienen en niveles altos, lo que permite cierto margen de maniobra ante la volatilidad.

El equilibrio económico bajo presión

Las proyecciones de crecimiento para 2026 siguen en terreno positivo, entre 4.5 % y 5.1 %. Sin embargo, ese escenario depende de que el conflicto no escale de forma prolongada.

El Banco Central mantiene su tasa de política monetaria en 5.25 %, apostando a que la inflación se mantenga dentro del rango meta. Pero esa previsión puede cambiar si los choques externos se intensifican.

El tipo de cambio también entra en observación. En momentos de tensión global, el dólar tiende a fortalecerse, lo que presiona monedas como el peso dominicano. Aunque las reservas internacionales ofrecen respaldo, el comportamiento del mercado dependerá en gran medida de la duración del conflicto.

En paralelo, las finanzas públicas enfrentan un reto adicional. Si el Gobierno aumenta el gasto en subsidios para contener los precios, el déficit fiscal podría ampliarse. Es un equilibrio delicado entre proteger al consumidor y mantener la estabilidad macroeconómica.

Una factura que nadie pidió

República Dominicana no tiene influencia en las decisiones que se toman en Medio Oriente, al igual que los demás países, que sí asumen parte del costo. Esa es la realidad de una economía globalizada, donde los conflictos cruzan fronteras sin necesidad de moverse físicamente.

El impacto no llega de golpe. Se siente en pequeñas variaciones: un pasaje más caro, un producto que sube de precio, una factura de electricidad que presiona el presupuesto. Pero acumuladas, esas variaciones cambian el panorama económico.

Frente a ese escenario, el país necesita moverse con rapidez. Reducir la dependencia energética, fortalecer la producción local y diversificar las fuentes de ingresos no son ideas nuevas, pero ahora toman un carácter urgente.

Mientras tanto, la economía local sigue expuesta a lo que ocurra a miles de kilómetros. Y aunque la guerra no se libre aquí, sus efectos ya forman parte del día a día.

No es una crisis creada en casa, pero es una que toca enfrentar. Y, por ahora, todo apunta a meses de ajustes, cautela y decisiones difíciles.

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José Tejada Gómez

José Tejada Gómez

Estudió en la Universalidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Periodista, fundador y director de DiarioDigitalRD. Ex presidente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) Contacto: josetgomez@diariodigitalrd.com

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