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Kallas a Trump: La guerra no es de Europa, pero sí sus riesgos

| | 3 min read
Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE.

Los Veintisiete rechazan extender el escudo naval ante el riesgo de escalada

BRUSELAS – "Esta no es la guerra de Europa". Con esa frase lapidaria, Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, intentó este lunes marcar una línea de seguridad entre los conflictos armados en Oriente Próximo y el bloque comunitario. Sin embargo, la realidad que se maneja en los pasillos de Bruselas es mucho menos distante: si bien los soldados europeos no están en el frente, el bolsillo y el suministro energético de la región están bajo fuego directo.

Tras el Consejo de Asuntos Exteriores celebrado en la capital belga, los ministros de los Veintisiete han tomado una decisión de prudencia técnica: la operación naval 'Aspides' no se moverá del Mar Rojo. La propuesta de ampliar su radio de acción hasta el estrecho de Ormuz —un punto neurálgico por donde pasa buena parte del crudo mundial— ha sido descartada de plano para evitar una escalada de consecuencias imprevisibles.

El dilema de Ormuz

El bloqueo en Ormuz no es un problema menor. Kallas fue clara al señalar que, aunque no haya voluntad de entrar en una "guerra abierta y sin final", el impacto económico ya se siente. Desde que el pasado 28 de febrero se intensificaran las hostilidades con el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, la tensión ha disparado los precios del combustible.

"Nadie quiere entrar activamente en el conflicto", admitió Kallas. El temor es que, si la UE despliega buques más allá de la línea de Mascate, los rebeldes hutíes interpreten el movimiento como una provocación directa, extendiendo sus ataques más hacia el norte.

30.000 evacuados y la sombra de Moscú

La situación sobre el terreno es crítica. La diplomática recordó que ya se han evacuado a 30.000 ciudadanos europeos de la zona de conflicto en las últimas semanas. Mientras tanto, el caos logístico y el encarecimiento de la energía tienen un beneficiario indirecto que preocupa en Bruselas: Moscú. Según la visión de la Alta Representante, la inestabilidad en las rutas comerciales beneficia los intereses rusos al debilitar la cohesión económica europea.

A pesar de la negativa a expandir el mandato de 'Aspides', existe un consenso para reforzar la capacidad actual de la misión en el Mar Rojo. El objetivo es mantener la protección de los buques comerciales frente a los drones y misiles hutíes, pero sin dar el paso hacia el Estrecho de Ormuz, una frontera que, por ahora, los ministros consideran una línea roja diplomática.

Al final, la estrategia de la UE parece resumirse en un equilibrio frágil: proteger el comercio sin convertirse en un actor beligerante en un avispero que nadie sabe cómo cerrar.

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