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Luis Abinader y la apuesta por la RD de 2036

| | 5 min read

Entre cifras sólidas y retos sociales pendientes

Santo Domingo.- El discurso de rendición de cuentas del presidente Luis Abinader este 27 de febrero de 2026 ante el Congreso Nacional marcó un giro claro en la narrativa oficial. Ya no se trató solo de defender la gestión de crisis heredadas de la pandemia o del impacto de los choques externos. Esta vez el foco estuvo en proyectar un país distinto bajo la llamada “Meta RD 2036”, una hoja de ruta que busca llevar a la República Dominicana a un nuevo estadio de desarrollo.

El mensaje fue ambicioso. Pero la ambición, por sí sola, no basta.

Crecimiento: entre el dato y la sensación ciudadana

El Presidente resaltó un crecimiento económico de 2.1% en 2025, en línea con el promedio regional, y una aceleración a 3.5% en enero de 2026. La meta es cerrar el año en 4.5%. En el papel, el país sigue siendo uno de los más dinámicos de América Latina.

Sin embargo, el 2.1% del año pasado refleja una desaceleración respecto a los ritmos históricos dominicanos, que durante años superaron con holgura el 5%. No es un mal resultado en un contexto internacional complejo, pero tampoco es la expansión vigorosa a la que el país estaba acostumbrado.

El propio Abinader habló de la “trampa del ingreso medio”. Ahí está el verdadero desafío. No se trata solo de crecer, sino de transformar ese crecimiento en movilidad social real. Mientras el ciudadano promedio siga sintiendo que el salario rinde menos en el supermercado y que los servicios públicos no mejoran al mismo ritmo que las cifras macroeconómicas, el optimismo oficial tendrá límites.

La economía del futuro: ¿salto estructural o apuesta riesgosa?

Uno de los puntos más llamativos del discurso fue la presentación de alianzas estratégicas con gigantes tecnológicos como Google y NVIDIA.

La inversión anunciada para un Puerto Internacional de Intercambio Digital, superior a los US$500 millones, y la creación de un Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial apuntan a una diversificación productiva que trasciende el turismo y las zonas francas tradicionales. A esto se suma el proyecto de un puerto espacial en Pedernales con capital extranjero.

La señal es clara: el Gobierno quiere colocar al país en el mapa tecnológico global. La pregunta es si el sistema educativo y la formación técnica están listos para acompañar esa transformación.

Durante décadas, la brecha en calidad educativa ha sido una de las principales debilidades estructurales del país. Sin capital humano altamente calificado, estas inversiones corren el riesgo de convertirse en enclaves desconectados de la economía local, generando beneficios concentrados y poco derrame interno.

Disciplina fiscal y la meta del grado de inversión

En el terreno fiscal, Abinader enfatizó la reducción de la deuda pública consolidada al 58.5% del PIB, frente al 69.1% en 2020, y destacó la mejora en la calificación crediticia del país.

El objetivo de alcanzar el grado de inversión es estratégico. De lograrse, reduciría los costos de financiamiento y consolidaría la imagen de estabilidad macroeconómica. Es, sin duda, una meta coherente con la visión de largo plazo.

Pero la disciplina fiscal tiene un costo político. Mantenerla implica moderar el gasto en un contexto donde la ciudadanía exige más seguridad, mejor transporte, hospitales eficientes y educación de calidad. El equilibrio entre prudencia financiera y respuesta social será cada vez más delicado.

Empleo e informalidad: avances con techo visible

El Presidente reportó la creación de 133,915 empleos en 2025 y una tasa de desempleo de 5.0%. También destacó que la informalidad bajó a 54.2%, el nivel más bajo registrado.

Son avances reales. No obstante, más de la mitad de los trabajadores sigue en la informalidad. Eso significa ausencia de seguridad social, pensiones frágiles y vulnerabilidad ante cualquier crisis.

El salario mínimo en grandes empresas ya cubre más del 100% de la canasta básica del primer quintil, según datos oficiales. Pero la percepción del costo de la vida sigue siendo el principal dolor de cabeza para las familias. La estabilidad macro no siempre se traduce en alivio inmediato en el bolsillo.

Subsidios y vivienda: impacto directo, pero insuficiente

Programas como Supérate alcanzan a cerca de 1.5 millones de familias. La política de titulación de tierras, con 32,000 títulos entregados en 2025, es uno de los puntos más sólidos de la gestión. La seguridad jurídica transforma la vida de miles de hogares y abre la puerta al crédito formal.

Sin embargo, el déficit habitacional acumulado por décadas no se resuelve con 5,000 viviendas proyectadas para 2026. Es un paso, sí, pero pequeño frente a la magnitud del problema.

Un punto de inflexión con interrogantes

El discurso de 2026 dibuja un país que quiere dejar atrás la etapa de administración de crisis y entrar en una fase de planificación estratégica. La transición hacia sectores como datos, inteligencia artificial y tecnología aeroespacial es, en teoría, el camino para romper la dependencia de actividades tradicionales.

La gran incógnita es si la transformación tecnológica avanzará al mismo ritmo que la inclusión social. Si la brecha entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana no se reduce, la narrativa de éxito tendrá fisuras.

Abinader presentó un proyecto de país a diez años. Ahora empieza la parte más difícil: convertir la visión en cambios palpables para la mayoría. Ahí se jugará no solo el legado de su administración, sino la estabilidad social y política de la República Dominicana en la próxima década.

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José Tejada Gómez

José Tejada Gómez

Estudió en la Universalidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Periodista, fundador y director de DiarioDigitalRD. Ex presidente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) Contacto: josetgomez@diariodigitalrd.com

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