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El oro y su verdadero peso en la economía dominicana

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Organizaciones pidieron que el Estado dominicano capture por ley los excedentes generados por los precios internacionales del metal y que parte de los impuestos de Barrick Gold se paguen en oro, no en divisas.

Una lectura estructural según el análisis de Elisa Vilorio de Painter, Ph.D

Elisa Vilorio de Painter, Ph.D, ejecuta del Banco Central de la República Dominicana, sostiene que el actual entorno internacional —marcado por tensiones geopolíticas, incertidumbre financiera y un reacomodo del sistema monetario global— ha devuelto al oro un protagonismo que parecía relegado. El fuerte aumento de su precio, que este año superó los US$5,000 por onza troy, un incremento cercano al 75 % respecto a enero de 2025, ha reactivado el debate sobre su rol como activo de refugio y sobre las decisiones de los bancos centrales en un escenario de creciente fragmentación.

Elisa Vilorio de Painter, Ph.D,

Según explica Vilorio, este repunte ha generado posturas diversas. Algunos economistas plantean elevar la participación del oro dentro de las reservas internacionales para liberar dólares y fortalecer la posición patrimonial mediante una mayor diversificación. Otros destacan su importancia en el sector exportador, especialmente como fuente de ingresos fiscales. También se discute su potencial como insumo para la industria de fundición y la joyería orientada a la exportación.

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Sin embargo, Vilorio advierte que, en el caso dominicano, el debate no debe abordarse como una reacción inmediata a episodios de incertidumbre global. A su juicio, el análisis debe ser estructural y diferenciar con claridad el papel del oro como activo financiero dentro del balance del Banco Central y su impacto macroeconómico sobre la economía en su conjunto.

El oro dentro de las reservas internacionales

Vilorio señala que, pese al renovado interés público, la participación del oro en las reservas internacionales del mundo se ha mantenido estable durante décadas. Aunque su precio ha aumentado de manera significativa, las tenencias globales de los bancos centrales rondan un promedio de 32,800 toneladas métricas desde hace 25 años, con un crecimiento de apenas 10 % desde el año 2000.

La autora explica que los mayores acervos se concentran en Estados Unidos y en la zona euro, reflejo de decisiones históricas tomadas bajo un orden monetario distinto al actual. En economías emergentes, los incrementos más notorios se observan en Rusia, China, Turquía e India, donde la acumulación de oro responde a sanciones financieras, restricciones de acceso a mercados internacionales o estrategias defensivas frente a riesgos geopolíticos. Para Vilorio, esto demuestra que no se trata de una tendencia generalizable, sino de respuestas específicas a circunstancias particulares.

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Incluso con estos aumentos, recuerda que el dólar estadounidense sigue siendo el principal activo de reserva global, con una participación de 56.92 % al cierre del tercer trimestre de 2025. La autora enfatiza que la mayor compra de oro no ha implicado un proceso de sustitución del dólar, sino decisiones puntuales de países que enfrentan vulnerabilidades externas o riesgos geopolíticos elevados.

Volatilidad y limitaciones operativas

Vilorio subraya que, desde la perspectiva de la gestión de reservas, el oro presenta limitaciones claras. No genera ingresos, su precio es altamente volátil y su liquidez es inferior a la de los instrumentos financieros utilizados para intervenciones cambiarias o pagos externos.

Por estas razones, explica que muchos bancos centrales aplican tratamientos contables especiales, registrando las variaciones de precio en cuentas separadas para evitar que la volatilidad afecte la lectura del balance. En economías emergentes, donde la estabilidad patrimonial del banco central es clave para la credibilidad institucional, este manejo resulta aún más relevante.

El caso dominicano: liquidez, exportaciones y estabilidad externa

En el caso de la República Dominicana, Vilorio señala que la composición de las reservas internacionales responde a criterios estructurales: la moneda de los pasivos externos, la estructura de importaciones y la necesidad de contar con activos líquidos para enfrentar choques externos.

Pero, según su análisis, el verdadero impacto del oro en la economía dominicana se manifiesta por el canal real. El país se beneficia del aumento del precio internacional a través de la producción y exportación del mineral, lo que mejora los términos de intercambio, fortalece el flujo de divisas y aumenta los ingresos fiscales.

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Vilorio destaca que, al cierre de 2025, el oro representó alrededor del 31 % de las exportaciones nacionales. Su dinamismo ha contribuido a mejorar la cuenta corriente y a reforzar la posición externa del país frente a los inversionistas internacionales.

A su juicio, estos efectos —directos y persistentes— superan ampliamente los beneficios marginales que implicaría elevar la proporción de oro dentro del portafolio de reservas.

Para Vilorio, el renovado interés por el oro debe entenderse dentro de un contexto global de fragmentación monetaria y tensiones geopolíticas. Aunque sigue siendo un activo complementario dentro de las reservas internacionales, su mayor aporte para la República Dominicana proviene del sector real, no de su acumulación financiera.

La autora concluye que el debate debe alinearse con los objetivos de estabilidad macroeconómica y crecimiento sostenible de largo plazo, más que con la fijación de un nivel mínimo de oro en las reservas como respuesta a episodios coyunturales.

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José Tejada Gómez

José Tejada Gómez

Estudió en la Universalidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Periodista, fundador y director de DiarioDigitalRD. Ex presidente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) Contacto: josetgomez@diariodigitalrd.com

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