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América Latina entra a 2026 entre riesgos y oportunidades

| | 5 min read

Incertidumbre política, clima extremo y crecimiento desigual marcan el año

América Latina y el Caribe se asoman a 2026 sin margen para distracciones. La región llega al nuevo año atrapada en una combinación incómoda de tensiones globales, fragilidad interna y desafíos estructurales que no dan tregua. El mensaje es claro: no es momento de “desabrocharse el cinturón”, como advierte el más reciente análisis del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que dibuja un panorama complejo, pero no exento de oportunidades.

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El año 2025 cerró con un nivel de incertidumbre sin precedentes en la región. Según el informe, los indicadores se dispararon a más del doble de los registrados el año anterior, empujados por factores externos que van desde la reconfiguración geopolítica hasta cambios abruptos en las reglas del comercio internacional.

  • Estados Unidos, convertido en uno de los principales focos de incertidumbre global, ha trasladado sus tensiones a América Latina a través del comercio, la inversión, las remesas y la migración, un efecto dominó que promete intensificarse en 2026.

A este escenario se suma un calendario político cargado. Siete países de la región celebrarán elecciones presidenciales, en un contexto marcado por una polarización que ya es la más alta del mundo. La superposición entre presión externa e inestabilidad interna eleva el riesgo de giros abruptos de política pública, frena decisiones de inversión y mantiene a varias economías caminando sobre terreno resbaladizo.

Una región bajo los reflectores globales

Pese a sus fragilidades, América Latina y el Caribe se han convertido en una pieza clave del tablero internacional. La razón es tangible: litio, cobre, tierras raras y casi una quinta parte de las reservas mundiales de petróleo descansan en su territorio. En un mundo que busca asegurar cadenas de suministro y autonomía energética, la región despierta interés… y también tensiones.

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El informe advierte que este renovado protagonismo no llega solo. La expansión del crimen organizado, muchas veces ligado a economías extractivas y rutas estratégicas, ha añadido un componente de inseguridad que complica la gobernanza y la soberanía económica. La disputa por recursos y mercados no es abstracta: se traduce en presiones políticas, conflictos locales y dilemas de seguridad que los Estados aún no logran contener del todo.

En el plano comercial, el mapa también se mueve. China se consolida como el segundo destino de las exportaciones latinoamericanas, mientras Estados Unidos sigue siendo el principal socio, aunque con señales de repliegue. Los aranceles introducidos en 2025 podrían acelerar la diversificación de mercados, al tiempo que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea —todavía pendiente— asoma como un posible punto de inflexión.

Crecimiento modesto, brechas profundas

Para 2026, el PNUD proyecta un crecimiento regional del 2,3 %, apenas una décima más que en 2025 y todavía por debajo del promedio mundial. El dato, sin embargo, esconde realidades muy distintas. Algunos países, impulsados por mejores precios de materias primas y mayor demanda externa, podrían acercarse al 4 % de crecimiento. Otros, en cambio, apenas avanzarán o incluso retrocederán, golpeados por aranceles, conflictos geopolíticos y menor inversión.

La fragilidad es evidente. Los precios de las materias primas podrían debilitarse si la economía global continúa desacelerándose, y una eventual corrección en los mercados tecnológicos —vinculada a una posible burbuja de inteligencia artificial— añade un factor adicional de riesgo financiero.

Pobreza a la baja, pero con bases frágiles

En medio de este panorama, hay un dato que invita a la cautela optimista: la pobreza regional sigue descendiendo y podría cerrar 2025 en 25,2 %, el nivel más bajo registrado. Sin embargo, el avance es desigual. Brasil y México explican buena parte de la mejora, gracias a programas de transferencias y un mercado laboral más dinámico. Sin ellos, la fotografía regional sería mucho menos alentadora.

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Clima y demografía: los desafíos silenciosos

El informe subraya dos presiones que ya no pueden tratarse como asuntos secundarios. La primera es climática. América Latina y el Caribe es una de las regiones más expuestas a eventos extremos, con impactos cada vez más frecuentes y costosos, especialmente en el Caribe. La paradoja es que, al mismo tiempo, lidera en generación de energía renovable y concentra una riqueza ambiental clave para la transición global.

La segunda es demográfica. La región ha entrado en una etapa inédita: por primera vez, la demanda de cuidado de los adultos mayores supera la de la primera infancia. Sin sistemas sólidos de atención, el envejecimiento amenaza con sobrecargar a las familias, en particular a las mujeres, y tensionar los sistemas de salud y pensiones.

Un 2026 decisivo

El diagnóstico del PNUD no es complaciente, pero tampoco fatalista. América Latina y el Caribe enfrentan un año decisivo, en el que la capacidad de coordinar políticas, fortalecer instituciones y anticipar riesgos marcará la diferencia. La incertidumbre seguirá ahí. La pregunta es si la región logrará convertirla en impulso o volverá a quedar atrapada en ella.

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José Tejada Gómez

José Tejada Gómez

Estudió en la Universalidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Periodista, fundador y director de DiarioDigitalRD. Ex presidente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) Contacto: josetgomez@diariodigitalrd.com

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