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Laura Fernández gana y proclama la “tercera república” en Costa Rica

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La presidenta electa promete un cambio profundo con mayoría absoluta

SAB JOSÉ.- La victoria de Laura Fernández en las elecciones presidenciales de Costa Rica marca algo más que un relevo en el poder. La nueva presidenta electa, de 39 años, proclamó el inicio de lo que denominó la “tercera república”, un concepto con el que busca sellar una ruptura política e institucional y consolidar el proyecto iniciado por el presidente saliente, Rodrigo Chaves. Lo hizo con un discurso firme, cargado de mensajes hacia la oposición y la prensa, y con la ventaja clave de contar con mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa.

“Nos toca edificar la tercera república. El cambio será profundo e irreversible”, afirmó Fernández la noche de su triunfo, logrado en primera vuelta y con una diferencia contundente. El nuevo gobierno asumirá el próximo 8 de mayo y, según adelantó la presidenta electa, tendrá como hoja de ruta una transformación del Estado costarricense, bajo el argumento de responder al descontento social acumulado en los últimos años.

Fernández se convertirá en la segunda mujer en ocupar la Presidencia de Costa Rica, después de Laura Chinchilla. Su llegada al poder coincide con un momento simbólico en la historia política del país. El oficialismo sostiene que la Segunda República, instaurada tras la guerra civil de 1948, ha llegado a su fin. Aquel periodo dejó hitos fundamentales como la abolición del Ejército, el fin de la segregación racial, el reconocimiento del voto femenino y la creación del Tribunal Supremo de Elecciones, pilares del modelo democrático costarricense.

En su discurso como presidenta electa, Fernández dedicó buena parte de sus palabras a cuestionar a los partidos tradicionales y a la prensa, dos actores que, según dijo, atraviesan una profunda crisis de credibilidad. A la oposición le advirtió que, en esta nueva etapa, deberá ejercer su rol bajo “nuevas reglas de convivencia política”, aunque aseguró que su gobierno garantizará los espacios necesarios para el cumplimiento de los deberes cívicos y democráticos.

Uno de los pasajes más sensibles de su intervención estuvo dirigido a los medios de comunicación. Fernández insistió en que la prensa cumple un “servicio a la sociedad”, pero sostuvo que ese rol debe ejercerse con objetividad, veracidad y responsabilidad.

En ese contexto, denunció prácticas que, a su juicio, distorsionan la labor informativa y la ponen al servicio de intereses económicos particulares. “La prensa en la tercera república debe ser auténticamente libre para informar a la ciudadanía”, afirmó, dejando entrever posibles cambios en la relación entre el Ejecutivo y los medios.

El triunfo de Fernández confirma el empuje de una nueva derecha política articulada en torno a la figura de Rodrigo Chaves, que ha sabido canalizar el malestar social hacia una propuesta de “refundación” del Estado. Este proyecto plantea una mayor concentración de poder en el Ejecutivo, una reducción de los contrapesos institucionales y la eventual discusión de reformas constitucionales.

Con el control del Congreso, la presidenta electa tendrá margen para impulsar iniciativas que el oficialismo ha defendido en los últimos años, especialmente en materia de seguridad ciudadana. Este tema ha sido una de las principales banderas del gobierno saliente, en un contexto marcado por el aumento de la criminalidad y de las muertes violentas.

No obstante, el nuevo escenario político también despierta alertas. Sectores académicos, sociales y de la oposición advierten sobre una posible deriva autoritaria, tras cuatro años de alta polarización, choques con instituciones y una narrativa confrontativa. Algunos ven similitudes con el modelo de El Salvador, encabezado por Nayib Bukele, incluyendo el debate sobre la reelección presidencial mediante cambios constitucionales.

Fernández, consciente de estas críticas, buscó marcar distancia desde la misma noche electoral. Aseguró que su gobierno será de diálogo, respetuoso del Estado de derecho y que no permitirá “ramalazos autoritarios”. Aun así, en Costa Rica no pocos analistas consideran que, una vez en el poder, la nueva presidenta podría intentar trazar un camino propio, aprovechando fisuras internas y la necesidad de construir liderazgo más allá de la sombra de Rodrigo Chaves.

La “tercera república” ya está en el centro del debate nacional. Su alcance real y sus consecuencias políticas comenzarán a medirse a partir de mayo, cuando Laura Fernández asuma formalmente la conducción del país.

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