¡Ser duartiano!
Yo soy Duartiano desde que tuve uso de razón y entendí su lucha.
Hoy se cumple otro natalicio del patricio dominicano por excelencia, General Juan Pablo Duarte y Diez. El más alto, preparado, valiente, maestro, solidario, visionario y humanista nacido en Quisqueya, Santo Domingo, República Dominicana.
Yo soy Duartiano desde que tuve uso de razón y entendí su lucha, sus esfuerzos, su desprendimiento y su afán por ‘separarnos’ o liberarnos del yugo haitiano, hasta lograrlo a partir del 27 de febrero de 1844. Haití gobernaba entonces ellado oriental de la isla Española, por unos largos y difíciles 22 años.
Todo esto lo saben muchos dominicanos…y también muchos haitianos que, desde entonces, han intentado volver a nuestro pedazo isleño bajo la premisa de sus emperadores e invasores de que ‘la Isla es una sola y pertenece a Haití’. Craso error.
Soy Duartiano porque Juan Pablo aspiró a vivir, crecer y morir en un Estado democrático, republicano, libre de toda potencia extranjera, donde reinaran las libertades públicas y los derechos inalienables de todos los ciudadanos, incluyendo a los extranjeros y visitantes.
Ser Duartiano es, pues, anhelar y vivir bajo esos sagrados propósitos, en una República Dominicana con su bandera tricolor, su amor por el Himno Nacional y su respeto por Dios y todas las libertades.
Ser Duartiano es rechazar cualquier acto de discriminación, de xenofobia, de intervenciones o invasiones de ciudadanos de otros países, sin importar los argumentos que se aleguen.
Ser Duartiano es ser generoso, desprendido, respetuoso de padres, maestros, vecinos y amigos.
Ser Duartiano es ser agradecido de todo el que puso un granito de arena para conquistar nuestra independencia el 27 de febrero de 1844., de todo el que puso un peso para dicha causa y de todo el que tomó un arma (cual que fuera) o un lápiz y cuaderno, para lograr tan noble como necesario objetivo.
Ser Duartiano es defender este pedazo de tierra de 48 mil kilómetros cuadrados ante quien sea, haitianos, yanquis, rusos, chinos o africanos. Ayer, hoy y mañana.
Ser Duartiano es honrar a Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella, Gregorio Luperón, y a otros tantos que tomaron la Palabra o las armas para mantener nuestras libertades y creencias, y nuestro apego a normas civilizadas.
Nadie puede, entonces, venir con la historia de criticar a un Imperio y no a otro, ni a defender que vecinos sin documentos quieran asentarse en nuestra tierra, para destruirla como han hecho con la suya. Y mucho menos para inculcarnos sus rancias y extrañas costumbres, ritos y formas de vida, tan alejados de cualquier país civilizado.
Duarte, Mella y Sánchez nunca aspiraron a intervenir Haití ni a que ese país desapareciera. Jamás.
Sí aspiraron a que ellos glorificaran su independencia de Francia con planes de desarrollo y libertad, humanismo y hermandad con el resto del mundo.
Como lo han hecho algunos Ejecutivos de nuestro país que, excluyendo al tirano Rafael Trujillo, aportaron y APORTAN para que la Republica de Haití supere sus taras y necesidades en el marco de un progreso general y continuo.
Por estos simples razonamientos, yo soy Duartiano.
Y nunca racista, xenófobo u odioso ante negros, blancos o mulatos haitianos, u otros vengan de donde vengan, a disfrutar del país donde se trabaja duro para eliminar la pobreza, la ignorancia y la desigualdad, éste donde nació Juan Pablo Duarte y Diez hace hoy 213 años.
26 de enero de 2026.
Luis Fernández
Experimentado periodista de República Dominicana, con una dilatada trayectoria profesional como reportero y ejecutivo de medios de comunicación y productor de programa radial.
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