La peligrosa grieta entre los superricos y la democracia en Latinoamérica
Oxfam alerta sobre influencia política de las élites de la región
En el corazón de los Alpes, mientras los líderes mundiales debaten el futuro global, un informe ha lanzado una advertencia que retumba con fuerza en los Andes y el Caribe. La organización Oxfam ha revelado que la fortuna de los multimillonarios en América Latina ha crecido "sin control", alcanzando una cifra que desafía la lógica económica: 622.000 millones de dólares.
Gloria García-Parra, directora regional de la entidad, ha puesto rostro a esta disparidad con una comparación cruda. Mientras un magnate ve crecer sus arcas a un ritmo de casi medio millón de dólares diarios, un trabajador que percibe el salario mínimo necesitaría vivir más de un siglo para acumular lo que el superrico genera en apenas 24 horas.
Pero igual de preocupante es ese abismo financiero alimenta una maquinaria de "compra de influencias" que condiciona las políticas públicas en favor de una minoría.
Brecha social y poder político desmedido
El informe, titulado Riqueza sin control, democracia en riesgo, detalla que hoy existen 109 milmillonarios en la región, un aumento significativo respecto al año anterior. Lo más alarmante es que el crecimiento de esta riqueza —un 39% solo en el último año— ha sido 16 veces más rápido que el de la economía general.
Indica que esa concentración de capital se traduce en un desequilibrio social donde las élites no solo gestionan dinero, sino que moldean el destino de las naciones mediante la ocupación de sectores estratégicos como las telecomunicaciones y la energía.
Urgente pacto fiscal para frenar desigualdades
La estructura de este enriquecimiento tiene un fuerte componente genético: más de la mitad de los superricos latinoamericanos heredaron su fortuna, una cifra que supera ampliamente el promedio mundial.
Así, al no existir impuestos robustos al patrimonio o a las sucesiones en la mayoría de los países de la zona, se crean auténticas "dinastías" que perpetúan el poder de generación en generación.
La falta de una fiscalidad justa impide que el Estado redistribuya recursos hacia salud, educación e infraestructura.
Ante este panorama, Oxfam ha hecho un llamado urgente a los gobiernos para implementar un nuevo pacto fiscal. La propuesta es gravar las grandes fortunas para limitar la capacidad de las élites de secuestrar la voz ciudadana.
Si el poder económico continúa decidiendo el futuro, la democracia dejará de ser el gobierno de las mayorías para convertirse en el club privado de unos pocos.
Diómedes Tejada Gómez
Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com
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