Putin calla sobre Maduro y culpa a Occidente del caos global
El líder ruso defiende un orden multipolar pero ignora la crisis venezolana
MOSCÚ.- Vladimir Putin apareció este jueves ante los nuevos embajadores en Moscú con un discurso que sonaba a disco rayado para muchos analistas, pero que dejó un vacío estruendoso en lo que respecta a la actualidad más caliente. El presidente ruso se dedicó a defender su visión de un "mundo multipolar" y a señalar con el dedo a las potencias occidentales por el deterioro del escenario internacional. Sin embargo, lo que realmente llamó la atención no fue lo que dijo, sino lo que decidió ignorar: ni una sola mención a la crisis que hierve en Irán, ni a las amenazas territoriales de Donald Trump sobre Groenlandia, y lo más sorprendente, un silencio absoluto sobre la reciente captura de su aliado en Latinoamérica, el presidente venezolano Nicolás Maduro.
En la ceremonia de entrega de cartas credenciales, un evento que suele estar cargado de protocolo pero también de mensajes geopolíticos sutiles, Putin optó por la estrategia de mirar hacia otro lado en los temas incómodos. Si bien se presentó como el adalid de una seguridad global justa, evitó meterse en el fango de los reveses recientes que afectan a sus socios estratégicos.
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Su intervención se centró en una narrativa que el Kremlin lleva años puliendo: Rusia es la víctima de una expansión agresiva y Occidente es el culpable de que los canales diplomáticos estén rotos. Putin insistió en el concepto de "seguridad equitativa", argumentando que ningún país debería blindar su seguridad a costa de amenazar la del vecino.
Es la justificación habitual que utiliza para legitimar la invasión a Ucrania, conflicto que describió nuevamente no como una agresión rusa, sino como la "consecuencia directa" de años ignorando los intereses de Moscú y del avance de la maquinaria de la OTAN hacia sus fronteras.
"Rusia aspira a una paz duradera", aseguró el mandatario, lanzando la pelota al tejado de Kiev y Bruselas. Según su lectura, son Ucrania y sus socios europeos los que no están listos para sentarse a negociar. Y lanzó la advertencia de siempre: hasta que eso cambie, el Kremlin seguirá "persiguiendo sus objetivos". No hubo fechas, ni planes nuevos, solo la reafirmación de que el conflicto sigue su curso bajo los términos rusos.
Uno de los puntos donde Putin se mostró más quejoso fue en el estado de las relaciones con Europa. Reconoció, sin rodeos, que el vínculo con la mayoría de las capitales del viejo continente "deja mucho que desear".
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Pero, fiel a su estilo, se lavó las manos de cualquier responsabilidad. Para el líder ruso, el hecho de que el diálogo entre funcionarios, empresarios y la sociedad civil esté bajo mínimos no es culpa de Moscú. "La cooperación se ha congelado", sentenció, aunque dejó una puerta entreabierta a que la situación cambie en el futuro, siempre y cuando —y esta es la condición inamovible— se respeten las "preocupaciones legítimas" de Rusia.
En su defensa del multipolarismo, Putin dibujó un panorama sombrío de la diplomacia actual. Se quejó de que el diálogo entre Estados ha sido sustituido por "monólogos" de quienes se creen con derecho a dictar normas por la fuerza. "En lugar de hablar, escuchamos órdenes y lecciones sobre cómo vivir", reprochó, en una clara alusión a Estados Unidos y sus aliados, aunque sin nombrarlos directamente.
Curiosamente, aunque ignoró la caída de Maduro, sí tuvo tiempo para solidarizarse con Cuba, elogiando su "determinación" para defender su soberanía. Fue el único guiño claro a la región latinoamericana, quizás como una forma de mantener la bandera del antiimperialismo sin entrar en el terreno pantanoso de lo ocurrido en Venezuela.
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Lo que sí destacó, y dice mucho de hacia dónde está mirando Rusia en busca de nuevos amigos, fue su mención a Afganistán. Putin resaltó las nuevas relaciones con los talibanes, sugiriendo que este acercamiento es necesario para que el país asiático se estabilice y luche contra el terrorismo y el narcotráfico. Es un pragmatismo crudo: mientras las puertas de Europa se cierran y sus aliados tradicionales en América Latina sufren sacudidas, Moscú busca acomodo y alianzas en cualquier otro lugar, desde La Habana hasta Kabul, intentando construir ese "nuevo orden mundial" donde no tenga que rendir cuentas a Occidente.
Al final, el discurso de este jueves sirvió más para confirmar el aislamiento de la postura rusa que para ofrecer soluciones reales. Putin sigue enrocado en su verdad, exigiendo respeto y seguridad, mientras el tablero internacional cambia a una velocidad que sus discursos, por momentos, parecen no querer reconocer.
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