Motoristas y el caos cotidiano en las calles
Entiendo que quienes lean esta entrega me darán la razón respecto a mi planteamiento.
Las calles y avenidas del Gran Santo Domingo (entiéndase el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, por lo que se ve en el transcurrir diario) no están incluidas en la observancia y respeto a la ley de los motoristas o motociclistas. ¿Por qué? Un alto porcentaje de ellos se desplaza como mejor les convenga, en detrimento de los demás conductores. Se ha convertido en una cotidianidad observarlos transitar en vía contraria, sin importar que sea de día o de noche, lo que constituye una afrenta a la seguridad colectiva y a la autoridad responsable de poner coto a ese desatino.
Desde el momento en que un conductor sale de su casa, los riesgos se multiplican por los atrevidos desplazamientos de motoristas que no respetan nada para cometer sus indelicadezas mientras se desplazan. En caso de un accidente en el que estos se ven involucrados, sus semejantes de dos ruedas aparecen como moscas para lanzarse en defensa del de su clase, al que siempre ponen como víctima. Eso sucede, aunque en su inmensa mayoría estos señores y sus aparatos no están regularizados y en un alto porcentaje andan en las calles sin estar provistos de seguro que les dé protección en caso de accidentes.
El amigo y colega Rafael Gómez, periodista dominicano radicado desde hace muchos años en Nueva York, me critica porque en ocasiones insisto en escribir sobre las indelicadezas de los motoristas en calles, avenidas y carreteras. Yo le respondo que contra ellos lo único que nos falta es perder el buen comportamiento y emprender acciones muy personales, debido a que el control que ejerce la autoridad está mediatizado.
Entiendo que quienes lean esta entrega me darán la razón respecto a mi planteamiento. Y desde que inicié con el escrito me referí al Gran Santo Domingo, porque en esa vasta territorialidad es que llevo a cabo mis cotidianos desplazamientos. Pero esta situación constituye un mal general a nivel nacional, pues en las principales ciudades y poblaciones los motoristas se han convertido en un insoportable dolor de cabeza para la ciudadanía. Solo hay que ver las estadísticas de accidentes en las que se ven involucrados en zonas urbanas y rurales.
De manera cotidiana, lo que es decir 24/7, nos topamos en cualquier calle o avenida, y lo que es peor, en transitadas autopistas, con motoristas que se desplazan en vía contraria, que irrespetan la luz roja del semáforo, que hacen frenar de manera brusca a conductores de vehículos de cuatro ruedas, y que siempre están dispuestos a echar un pleito aunque la razón jamás esté a su favor.
Por dondequiera es lo mismo. Transitar por avenidas como la Abraham Lincoln, Tiradentes, Lope de Vega, Winston Churchill, Las Américas, George Washington, John F. Kennedy, 27 de Febrero, Máximo Gómez, San Martín, Bolívar, Jacobo Majluta, República de Colombia, Sabana Larga, Padre Castellanos, Nicolás de Ovando y Luperón, para solo poner esos ejemplos, el desorden con el conducir de los motoristas es una constante. Hasta en la autopista Duarte, donde para conducir hay que adoptar todas las precauciones, se ven a diario motoristas que se desplazan en sentido contrario y/o haciendo cruces temerarios.
Por sus acciones cotidianas, ellos demuestran pésima estima por sí mismos. No importa que sean mensajeros, deliverys de colmados, del motoconcho, o que tengan su motor como medio de transporte propio. Aunque, siempre hay sus excepciones, pero al parecer son los menos los que se desplazan de manera prudente y ordenada.
La Ley 63-17 establece que el control y seguridad en los desplazamientos del tránsito organizado lo tiene la Dirección General de Seguridad del Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett). Pero en lo que se relaciona con los motoristas, esta dependencia de la Policía Nacional, y bajo la coordinación del Instituto Nacional de Transporte Terrestre (Intrant), hasta ahora se muestra incapaz de al menos paliar el caos existente en nuestras calles, avenidas y carreteras.
Como cierre de esta entrega, mi gran preocupación radica en que de cara al futuro todo indica que con este caos generalizado con los motoristas no habrá solución a la vista, porque cada dٕía salen a las calles nuevas y viejas motocicletas adquiridas en los establecimientos comerciales destinados a ello, los cuales tienen por demás enormes existencias de motocicletas de las más variadas marcas y capacidades. Y lo más importante: con precios asequibles para amplios públicos.
Felipe Mora
Experimentado periodista dominicano, que ha desempeñado funciones ejecutivas en varios medios.
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