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Irán, entre la rabia y el silencio: más de 500 muertos en las protestas

| | 4 min read

Las movilizaciones cumplen dos semanas y la represión deja miles de detenidos

TEHERÁN.- Quince días después de que las primeras voces se alzaran en el Gran Bazar de Teherán, el país entero parece atrapado en una espiral de violencia y miedo. Lo que comenzó como una protesta por el desplome del rial se ha convertido en un desafío abierto contra el poder político y religioso. Las calles, que hace apenas dos semanas eran escenario de reclamos económicos, hoy son el reflejo de una indignación generalizada.

Según la ONG HRANA, con sede en Estados Unidos, la cifra oficial de muertos asciende a 544 personas, aunque la organización advierte que el número real podría superar el millar. Entre los fallecidos hay 47 miembros de las fuerzas de seguridad, un fiscal y 483 manifestantes, incluidos ocho menores de edad. También se reportan cinco civiles que no participaban en las protestas, víctimas colaterales de una represión que no distingue.

Un país sin conexión y con miles de detenidos

La represión no se limita a las balas. Desde hace cuatro días, Irán está prácticamente desconectado del mundo: el acceso a internet fue cortado por orden del Gobierno, una estrategia que busca frenar la difusión de imágenes y testimonios. Aun así, HRANA asegura haber recibido material gráfico que muestra depósitos de cadáveres en Teherán, especialmente en la Organización de Medicina Legal Kahrizak. En esos vídeos se observan filas interminables de cuerpos, lo que explicaría el salto en las cifras: de 116 muertos reportados el sábado a más de 500 en cuestión de horas.

El número de detenidos también es alarmante: 10.681 personas han sido arrestadas y enviadas a prisión. La ONG denuncia 96 casos de confesiones forzadas transmitidas en medios estatales, una práctica que busca sembrar miedo y justificar la represión.

Protestas en todo el país

Las movilizaciones no son aisladas. HRANA contabiliza 585 puntos de protesta en 186 ciudades, repartidas por las 31 provincias iraníes. Es un mapa que revela la magnitud del descontento: no se trata de un estallido local, sino de una crisis nacional. Sin embargo, las cifras son objeto de disputa. El Centro para los Derechos Humanos en Irán (IHRNGO), con sede en Noruega, habla de 192 muertos confirmados, aunque admite que algunas fuentes mencionan más de 2.000 víctimas. Lo que nadie discute es que entre los fallecidos hay menores y que la violencia se intensifica cada día.

El discurso oficial: enemigos de Alá

Mientras las ONG alertan sobre un “crimen internacional”, la Fiscalía iraní endurece su postura. Ha declarado que todos los manifestantes son “mohareb”, enemigos de Alá, un delito que contempla la pena de muerte. Los medios públicos refuerzan el mensaje con imágenes de arrestos masivos y calificativos como “alborotadores”. El objetivo es claro: deslegitimar las protestas y justificar la represión.

Mahmud Amiri-Moghaddam, director de IHRNGO, advierte que la situación podría ser aún más grave de lo que se conoce: “Las muertes desde el corte nacional de internet podrían ser mucho mayores. La República Islámica está cometiendo un crimen contra su pueblo y la comunidad internacional tiene la obligación de actuar”.

Del colapso económico al desafío político

Todo comenzó el 27 de diciembre, cuando el desplome del rial encendió la chispa en el corazón comercial de Teherán. Pero la crisis económica solo fue el detonante. Las protestas se transformaron en un movimiento contra la clase política y el sistema que gobierna el país desde hace décadas. Hoy, las consignas van más allá de la economía: exigen cambios profundos, incluso el fin del régimen.

Un futuro incierto

Irán se enfrenta a una encrucijada. La represión busca sofocar el descontento, pero cada día surgen nuevas imágenes, nuevos testimonios y nuevas víctimas. El silencio impuesto por el corte de internet no ha logrado apagar la indignación. Las calles siguen siendo escenario de enfrentamientos, y el número de muertos y detenidos crece mientras el mundo observa con preocupación.

La pregunta es cuánto tiempo podrá sostenerse esta estrategia antes de que la presión interna y externa obligue a un cambio. Por ahora, la realidad es brutal: cientos de muertos, miles de detenidos y un país que parece caminar sobre el filo de la historia.

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