Remesas per cápita revelan dependencia ignorada por políticas económicas
Migración sostiene hogares mientras economías locales siguen sin transformarse estructuralmente
Medir el impacto de las remesas únicamente por el volumen total recibido es una lectura incompleta. El verdadero alcance social y económico se entiende cuando se analiza cuánto dinero llega por cada habitante, una relación que deja al descubierto desigualdades profundas entre países grandes y pequeños de América Latina y el Caribe.
Mientras economías con poblaciones reducidas dependen de forma casi absoluta de estos flujos externos, países más grandes como México diluyen el impacto individual, aunque encabecen los rankings globales en recepción total de dólares.
Radiografía per cápita del dinero migrante
El Salvador lidera la región con 1,301 dólares por habitante al año, resultado de 8,200 millones de dólares repartidos entre apenas 6.3 millones de personas.
Jamaica aparece muy cerca, con 1,250 dólares per cápita, pese a recibir solo 3,500 millones, gracias a su población de 2.8 millones.
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Guatemala también supera los 1,100 dólares por persona, con 19,800 millones distribuidos entre 17.6 millones de habitantes.
Honduras (895 dólares), República Dominicana (902 dólares) y México (492 dólares) muestran realidades contrastantes.
El caso mexicano es especialmente revelador: aunque recibe 63,300 millones de dólares, su población de 128.5 millones reduce el impacto individual.
En el extremo opuesto, Colombia apenas alcanza 194 dólares per cápita, y Haití se sitúa en 324 dólares, una cifra que no refleja su verdadera precariedad.
Consecuencias sociales ocultas tras promedios
En países como El Salvador, Guatemala o Jamaica, estas cifras equivalen o incluso superan el salario mínimo anual, lo que confirma que las remesas no son un apoyo marginal, sino la base del consumo cotidiano. Alimentación, vivienda y servicios dependen directamente del dinero enviado desde el exterior.
México, en cambio, funciona como una potencia receptora con baja dependencia individual: concentra cerca del 40% de las remesas regionales, pero su tamaño económico y demográfico amortigua el efecto por persona.
Haití representa el escenario más crítico. Aunque el promedio per cápita parece bajo, la inflación, la debilidad productiva y la dependencia de importaciones hacen que cada dólar tenga un valor vital. Para muchos hogares, la remesa es la única puerta a bienes básicos.
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Factores adicionales distorsionan esta relación. En Nicaragua, la migración reciente elevó las remesas del 15% al 25% del PIB en menos de tres años.
En el Caribe, el alto costo de vida obliga a envíos mayores. Y en países con sistemas financieros colapsados, como Cuba o Venezuela, los canales informales provocan que las cifras oficiales subestimen el impacto real entre 20% y 30%.
Así, las remesas per cápita no solo miden dinero: revelan hasta qué punto millones de ciudadanos sobreviven gracias a la distancia, mientras las economías locales continúan sin ofrecer alternativas reales.
Diómedes Tejada Gómez
Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com
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