Fogaraté: Duarte no me habló
Lo vi, la mañana del día de su natalicio, solo y silencioso, muy lejos de las faramallas oficiales, sentado en una banca del parque Anacaona (como él desea que se llame el parque Colón), asediado por palomas hambrientas. Lo reconocí a lo lejos por ser el hombre delgado de pelo negro, traje prestado y reloj de leontina (el de la foto que le tomaron en Venezuela y no el rubio con bucles que siempre nos ha vendido el historicismo oficialista). Me le acerqué y le pregunté qué le parecía “su” república. No me dijo nada. Juan Pablo Duarte y Díez simplemente me vio con un mohín de desprecio y volteó para otro lado.
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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