La vacunación contra el COVID-19 y la negación a inmunizarse
Las actitudes negativas no son más que un problema de falta de conciencia y de educación que el gobierno, con todos los recursos que posee, debe intentar revertir de la misma manera en que lograron desde la oposición.
En medio de un gran despliegue oficial, y con el apoyo de las más diversas instituciones responsables de motorizar la economía, República Dominicana inició el pasado miércoles 17 el proceso de vacunación masiva de todos sus ciudadanos contra el Covid-19.
El esfuerzo desplegado por el Presidente Luis Abinader, de hacer posible la llegada de las primeras 20 mil dosis de la vacuna AstraZeneca, en un vuelo de la aerolínea Iberia procedente de España (la vacuna procede de la India), merece los mejores aplausos por esta iniciativa.
Justo cuando completaban 2,975 personas fallecidas por Covid, y más de 231 mil infectados, las autoridades oficiales y de salud iniciaban el proceso de inoculación en el hospital Ramón de Lara, en la Base Aérea de San Isidro, a 25 kms al este de la capital Santo Domingo, lugar donde se registró el primer caso de coronavirus, en marzo de 2020. Tres días después, el número de muertos ascendió a 3,025 y 233,598 infectados.
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Al inicio del acto, todos quisieron ver al presidente Abinader siendo el primero en recibir la primera dosis de AstraZeneca en dicho hospital, en una demostración de que esta es segura y confiable contra el Covid-19, promoviendo igualmente a las demás por llegar, como lo hizo en su país el presidente argentino Alberto Fernández, de 61 años, el primero en recibir la dosis de la vacuna rusa Sputnik V.
Por haber tenido el virus y todavía conservar anticuerpos en su organismo, son razones valederas para no ser el ejemplo número uno en vacunarse, pero bien pudo haberlo hecho la vicepresidenta Raquel Peña y/o el ministro de salud Plutarco Arias, aunque con ello se rompiera el protocolo establecido, solo para aumentar la confianza a la población.
Al llegar el primer cargamento de las esperadas vacunas, y tomando como referencia una encuesta de opinión dada a conocer por el periódico digital Acento.com y el Centro Económico del Cibao en enero pasado, es muy triste saber que solo un 36% de la población dominicana afirmaba que aceptaría la vacunación contra el Covid, y que más del 40% respondió que no estaba seguro de si se vacunaría.
Que un número tan elevado de dominicanos aún no tenga la intención de proteger su vida de la pandemia merece la mayor preocupación del gobierno y de las autoridades de salud del país.
No es desafiando a los que se niegan, “El que se quiera vacunar que se vacune, y el que no que no lo haga, porque esto no es obligatorio…”, como dijo el Presidente Abinader. Es logrando hacerles entender que la vida es lo más importante por preservar ante cualquier circunstancia adversa.
Las actitudes negativas no son más que un problema de falta de conciencia y de educación que el gobierno, con todos los recursos que posee, debe intentar revertir de la misma manera en que lograron desde la oposición, que la gran mayoría reconociera que quienes les gobernaban por años eran unos farsantes, inescrupulosos y corruptos.
La falta de confianza en las autoridades gubernamentales no es de ahora. Viene producto de los malos gobiernos que han dirigido la nación basado en el robo de los recursos del Estado, la corrupción administrativa, las mentiras, los abusos de poder, el despilfarro y la burla a un pueblo carente de todo lo necesario para la supervivencia en materia alimentación, salud, educación, empleo y seguridad ciudadana.
Abinader debe aprovechar el nivel de simpatía y apoyo de que goza su administración para lograr que la población dominicana sea más receptiva y colaboradora con las medidas o ejecuciones provenientes de su gobierno.
Ya el mandatario dio muestras de su interés en traer las vacunas necesarias contra el coronavirus, sin importar el país que la produzca. Su interés primordial es que estas cumplan los protocolos de seguridad y eficacia.
Al término del recibimiento de las 20 mil dosis de AstraZeneca, Abinader anunció que a finales de este mes, otro cargamento de 90 mil dosis llegará al país para ampliar las fases programadas en el plan nacional de vacunación. Su meta es lograr vacunar 7,8 millones de dominicanos este año, por lo que necesitará adquirir por lo menos 15.6 millones de dosis.
El Estado contempla además la compra de 7.9 millones dosis de vacuna Pfizer; 768 mil dosis de la Sinopharm, más otra partida de 542 mil Covac procedentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El costo promedio en dólares de cada vacuna, digamos las más populares, según nuestra investigación es: Moderna US$33.00, Pfizer US$20.00, Sputnik V US$10.00 y AstraZeneca US$4.00. El promedio entre las cuatro ronda el 93% efectividad.
La menos conocida es la Sinopharm CNBG de Beijing, China. Con una tasa de eficacia de 79% en 2020, y un record de 10 millones de vacunados sin reacciones adversas, según reportes obtenidos.
Entre los países que están usando Sinopharm de emergencia además de China, son Egipto, Jordania, Emiratos Arabes Unidos y Bahrein, nación insular del Oriente Medio.
Es probable que, ante la diversidad de vacunas existentes, los dominicanos quisieran tener la oportunidad de elegir, independientemente o en grupo, cuál de ellas les gustaría recibir y no que le impongan una que, aunque gratuita, no es de su agrado.
Rafael Gómez
Periodista dominicano, reside en Nueva York, Estados Unidos. Contacto supergomez1@yahoo.com
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