Fogaraté: País desperdiciado
Cada vez que escapo hacia “Casa del Carajo”, mi sibarítica Ínsula Barataria enverjada de flores que queda por los rumbos de Yamasá (donde no se habla de política, a menos que el dueño ponga el tema), veo el profundo verde del campo, el no menos profundo azul del cielo, el paso acompasado de las nubes perezosas, la amigable brisa portadora de trinos, la lluvia que celebra ruidosamente la vida, el horizonte de cónicos mogotes y ondulantes montañas, el día transparente o gris y la noche cargada de silencio, y no hago más que reiterarme en una vieja convicción: ¡Qué país tan bello y generoso, pero tan mal administrado!
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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