Fogaraté: Sabina, luminoso y loco
Lo conozco desde que hace añales Pablo McKinney me lo presentó informalmente en su columna (como tenía que ser). Y lo conocí más cuando me confesó (en una entrevista radiofónica que ahí mismo dejó de ser formal) que venía a esta isla a ver si se “tiraba” una negra. Y lo conocí mucho más desde que me declaré fanático de su mundo y de sus canciones (que son lo mismo). Y hoy, cuando cada domingo, en “Casa del Carajo” (mi país muy personal, lejos de República Dominicana), consumo con fruición sus luminosas vainas, declaro que si vuelvo a nacer me gustaría ser tan loco como Joaquín Sabina.
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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