Fogaraté: Carnaval de la nostalgia

En los febreros de mi niñez salían a las calles el Diablo Cojuelo (que no daba ni pedía cuartel con sus vejigas, que dejaba caer sobre la endeble humanidad del niño asustado), el Mono Luchador (que competía por llevarse la gloria fugaz de un triunfo teatral en fiesta patria), el Califé (bailarín inigualable al ritmo de un burlón sombrero de copa) y el Roba-la-gallina ¡palo con ella…tín, tín, manatí!, que recogía centavos y dulces en los colmados para lanzarlos generosamente a la alegre parvada de la garata con puño…Recuerdo con nostalgia todo aquello (y por eso, un poco niño, iré feliz e invito a la resurrección del Carnaval).
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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