Uno peor que otro

“Es mejor un malo conocido que un bueno por conocer”. Refrán popular.
Los hechos han demostrado que no es verdad que el presidente Danilo Medina sea bueno y el ex presidente Leonel Fernández, sea malo. No. Los dos son malos. Pájaros de un mismo nido: El Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Leonel Fernández le hizo mucho daño al país corrompiéndose y corrompiendo a los demás creyendo que el dinero era suficiente para mantener su hegemonía dentro y fuera del partido.
Demostró ser un hombre sin carácter, irresponsable, temeroso de los grupos militares, religiosos, empresariales, comunicacionales, hasta del “tigueraje”. Permisivo hasta hacerse daño permitiendo que los funcionarios hicieran y deshicieran en las instituciones que puso en sus manos. Cada Ministerio era una finca o un feudo del Ministro. No mató a nadie, por lo menos físicamente. Lo hizo moralmente.
Narcisista de la palabra, le gusta escucharse a sí mismo en discursos kilométricos. Abusa de las palabras, superfluas, insustanciales, cargadas de citas innecesarias para demostrar vanamente su intelectualidad.
Danilo, para mí es mucho más peligroso que Leonel. Su perfil sicológico me recuerda el de algunos dictadores famosos y otros no tanto. No habla, evade las respuestas de los periodistas que tienen la osadía de acercársele. Actúa sigilosa y misteriosamente desde la sombra, sin dar la cara, sin asumir sus propios hechos, solo cuando considera que le conviene. Meticuloso, calculador, taciturno.
Su proyecto reeleccionista comenzó antes de asumir la presidenciaa pesar de que en múltiples ocasiones dijo que sólo quería cuatro años, “y ni un día más”, que tampoco le interesaba volver pasado un periodo.
No obstante, los funcionarios han estado en campaña electoral promoviendo su repostulación invirtiendo una fortuna proveniente del presupuesto nacional, sin que haya dicho “esta boca es mía” sobre el tema, ni siquiera en la reunión famosa del Comité Político donde, con un cinismo tenebroso, se abstuvo de votar.
Su naturaleza política quedó al descubierto cuando, después de criticar el papel del Estado dirigido por Leonel para imponerse en su contra, permitió que ese mismo Estado lo llevara al poder creando un déficit que los economistas estiman en unos 200 millones de pesos. Nunca rechazó los miles de millones del pueblo dominicano que a regañadientes –hay que decirlo- gastó Leonel para robarse las elecciones. Al contrario, tomó el dinero inescrupulosamentesatisfecho.
Con el Estado en sus manos, compró una mayoría en el Comité Central, luego lo hizo en el Comité Político para que éste, meses después, ordenara al Congreso la aprobación de la reelección aplastando a su archienemigo interno, que ha dejado de ser un León para convertirse en un gatito domesticado, pasivo y dócil.
Comprará el Congreso con una buena parte de los legisladores de la “oposición” para que le aprueben su proyecto continuista como le han aprobado todos los préstamos, para luego comprar las elecciones. Todo con recursos del Estado. Peor que Leonel.
Que nadie me diga, pues, que Danilo es mejor que Leonel. Ambos son malos, pero el primero es peor que el segundo; capaz de hacer cualquier cosa para lograr sus propósitos, sin decir una sola palabra, lo cual es peligroso para la democracia, la libertad y la justicia.
Pronto se abalanzará sobre el Sistema Judicial que es lo único que aún no ha comprado, principalmente sobre las “Altas Cortes”, donde algunos “jueces” se están poniendo “donde el Capitán los vea”, con signo de peso en la mirada.
Pero, como dice con toda razón Luís Abinader, candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno y de la Convergencia, “ni era tan fácil ganarle a Leonel, pero tampoco es imposible vencer a Danilo”… Y es verdad, no importa cuando dinero del Estado esté dispuesto a invertir, la unidad y determinación del pueblo lo sacará del Palacio Nacional por la vía que las circunstancias lo determinen.
Juan Taveras Hernández
JUAN T H Periodista de vieja daba, arrepentido de la profesión por lo tanto que se ha degradado; abogado sin ejercer por verguenza propia, más loco que poeta y viceversa, que no es lo mismo, pero es casi igual. No está orgulloso de haber nacido donde nació. Pero ni modo...
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