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FOGARATE: Una fiera herida

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Una fiera herida es muy peligrosa. La fiera herida extrema su instinto de sobrevivencia y ve en todo el que se asoma una amenaza inminente. La fiera herida se expresa entre gruñidos y quejidos lastimeros, y a ratos finge que ha muerto quedándose quietecita, pero siempre con un ojo entreabierto. Y si acaso el cazador engañado se le acerca, con sus últimas fuerzas la fiera herida se le abalanza mortalmente con garras y colmillos. Por eso, cuando una fiera está herida lo mejor es amarrarla para que no pueda moverse, o rematarla (y cantarle aquel merengue que relanzara Juan Bosch: “Váyase en paz, mi compadre, váyase en paz”).

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Ramón Colombo

Ramón Colombo

Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.

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