FOGARATE: Un torero en aprietos
Admiro y le tengo pena a Francisco Domínguez Brito. Lo admito porque ha tomado por los cuernos al toro de lidia que más corridas millonarias ha jugado en plazas del Caribe, Centro y Suramérica, luego de que Hipólito Mejía le clavara un par de banderillas. Ciertamente es admirable que Francisco haya capoteado en el redondel a uno de los mejores ejemplares de las crianzas de Leonel Fernández. Pero le tengo pena (¡cuanta pena!) porque, según las evidencias en los casos DICAN y la chica narco, parece que la corrupción en su cuadrilla solo se detiene en la puerta de su despacho. Y ahí está él, vuelto loco y sin idea.
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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