FOGARATÉ: Estupidez canadiense
Por lo visto, en Canadá también se cuecen las habas de la estupidez. Porque ¿en qué cabeza con sano juicio y un chin chin bien informada (supongo que Ottawa tiene todavía una embajada aquí con gente que ve y oye) cabe la fabulosa idea paternalista de regalarles 250 casas a otras tantas familias de inmigrantes ilegales haitianos? ¿Dónde se ha visto eso? ¿Qué aportan los canadienses con una acción tan absurda, que no sea echarle gasolina el fuego, con el peligro hasta de provocar (y no podemos admitir ese riesgo) una tragedia xenofóbica?
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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