Debate con su carga de chantaje
El derecho a la vida es frase que suena excelentemente bien a oídos de un conglomerado, y mucho más si es en boca de un dirigente político. Pero, ¿se respeta en todas las situaciones y escenarios? En muchas partes del mundo de forma permanente es pisoteada, vilipendiada, ignorada, y en tantísimas ocasiones solo se utiliza como un clisé bien manido.
Cada día que pasa, miles de personas en todo el mundo pierden la vida en forma violenta o por otros motivos, incluida la República Dominicana y, a pesar de ello, los distintos estamentos no siempre cumplen el rol que deben jugar en cada caso.
En medio de la discusión por despenalizar o no el aborto, hay sectores que intentan chantajear, religiosos entre ellos, que advierten a los legisladores respecto a que en caso de introducir enmiendas a los artículos relativos al aborto en el Código Penal no podrán contar con el favor del voto de sus feligresías para elecciones venideras. Y no hay duda que eso infunde temores.
Las mujeres no deben aceptar decisiones que tienen que ver con su existencia misma y que estén condicionadas a dogmas retorcidos.
En todo el mundo, miles y miles de mujeres que profesan la fe católica y otras creencias en alguna oportunidad han tenido experiencia de aborto, legal o ilegal, y República Dominicana no es la excepción. El debate nacional en torno al controversial tema no debe ser distorsionado hasta llevarlo a lo imposible, a lo de nunca acabar.
El Presidente Danilo Medina, al devolver la ley de Código Penal al Congreso Nacional, contrariando posiciones que desde antaño se han impuesto por las buenas o por las malas, ha dado un paso al frente, sin abrigar temores respecto a actitudes y ´´líneas bajadas´´ por cúpulas ensotanadas.
La carta que envió el cura Manuel Ruiz al Presidente Medina, ya sea en condición de posición oficial o no de la Iglesia Católica, persigue condicionar al Jefe del Estado con tal de no dejarle alternativas en el debatido caso. Y esa nunca podrá ser la razón principal del controversial tema.
A ninguna mujer que pase por la desgarrradora experiencia de ser violada, y que luego quede embarazada se la puede obligar a concebir esa criatura. De igual manera, que si es obligada a tener una relación incestuosa. O si llega a tener un embarazo con malformación. El verdadero y efectivo amor de madre nunca será igual.
En estos casos, soy partidario que los dogmas religiosos respecto a concebir hay que dejarlos de lado. Si está en peligro la vida de la mujer, la ciencia médica debe jugar su rol.
En resumidas cuentas, las mujeres son las víctimas principales, por no decir las únicas, en todas estas situaciones, agravadas ahora con los métodos de protestas que llevan a cabo las iglesias católica y evangélica, que en sus reclamos no dejan ningún margen para un entendimiento entre las partes en la discusión que tiene lugar en el país sobre el tema del aborto y su inclusión en el Código Penal.
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