Invertir en I+D exige equilibrio fiscal para fortalecer la economía, según estudio
Un estudio basado en 44 países concluye que aumentar la inversión en investigación y desarrollo fortalece el crecimiento, pero advierte que, sin una estrategia fiscal equilibrada, puede comprometer la estabilidad financiera y elevar los riesgos asociados a la deuda pública.
Estudio concluye que la disciplina fiscal es clave para aprovechar la inversión científica
El aumento de la deuda pública en la mayoría de las economías del mundo reabre el debate sobre cómo financiar la ciencia sin comprometer la estabilidad financiera. Un estudio en el que participa la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) concluye que la inversión en investigación y desarrollo (I+D) puede impulsar el crecimiento económico y la resiliencia, pero solo si forma parte de una política fiscal responsable y bien coordinada.
La investigación analizó información de 44 países entre 2000 y 2022 y determinó que reducir el gasto en I+D no garantiza por sí mismo una mayor estabilidad financiera. Por el contrario, los investigadores sostienen que el desafío consiste en mantener el apoyo a la innovación mientras se controla el gasto público y la evolución de la deuda.
La deuda pública vuelve al centro del debate
De acuerdo con el más reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda pública crece actualmente a un ritmo superior al registrado antes de la pandemia en el 80 % de las economías. De mantenerse esa tendencia, el endeudamiento global podría alcanzar el 100 % del producto interno bruto (PIB) hacia el final de esta década.
Este escenario coincide con un contexto de incertidumbre geopolítica, inflación y desaceleración económica, factores que aumentan la preocupación sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas y la capacidad de los gobiernos para seguir financiando áreas estratégicas como la investigación científica.
La inversión en ciencia tiene efectos contrapuestos
El trabajo, publicado en la revista Applied Economics con apoyo del Fondo Latinoamericano de Reservas, examina cómo la inversión en I+D influye en la estabilidad financiera y en la capacidad de los países para resistir choques macroeconómicos.
Según los investigadores, la relación no es lineal. Mientras el gasto en investigación favorece la productividad, la innovación y el crecimiento sostenible a largo plazo, un aumento excesivo del gasto público puede incrementar el nivel de endeudamiento y afectar la percepción de riesgo sobre la economía.
Jorge Mario Uribe, coordinador del grupo de investigación Finance, Macroeconomics and Management (FM2) y profesor de la UOC, explica que la estabilidad financiera depende tanto de factores estructurales como regulatorios, además de las condiciones económicas de corto plazo.
El investigador señala que un gasto estatal elevado puede reducir la resiliencia financiera si deteriora la capacidad de pago del país, aunque reconoce que la inversión en ciencia también genera beneficios económicos que deben ser considerados dentro del análisis.
La disciplina fiscal marca la diferencia
El estudio concluye que incrementar el presupuesto destinado a investigación no es suficiente para fortalecer la economía si esa decisión no está integrada en una estrategia fiscal de largo plazo.
Jorge Mario Uribe advierte que la investigación también busca evitar recortes indiscriminados en ciencia. A su juicio, reducir la inversión en I+D puede parecer una medida adecuada para disminuir el gasto, pero sus efectos negativos sobre la innovación y la productividad podrían terminar debilitando la estabilidad financiera.
Por ello, plantea que el reto consiste en redistribuir el gasto público hacia áreas de mayor impacto económico, preservando la inversión científica y mejorando la eficiencia del presupuesto.
La inversión privada gana protagonismo
El estudio identifica dos caminos para fortalecer la estabilidad financiera sin sacrificar la innovación. El primero consiste en reasignar recursos públicos para priorizar la investigación manteniendo el gasto total bajo control.
El segundo apuesta por incentivar una mayor participación del sector privado en el financiamiento de la ciencia y la innovación. De esta forma, las políticas industriales podrían ampliar la inversión en I+D sin incrementar significativamente el gasto público.
Los investigadores consideran que la cooperación entre el Estado y las empresas constituye un elemento esencial para sostener el desarrollo científico y tecnológico sin comprometer la sostenibilidad de las finanzas públicas.
La investigación concluye que el desafío no pasa por elegir entre reducir la deuda o invertir en ciencia, sino por diseñar políticas fiscales capaces de equilibrar ambas prioridades. Ese enfoque permitiría fortalecer el crecimiento económico, mejorar la productividad y aumentar la capacidad de los países para enfrentar futuras crisis financieras.
Diómedes Tejada Gómez
Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com
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