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La OTAN impulsa la “democratización” de la guerra con drones asequibles 

La guerra en Ucrania acelera un giro histórico en los conflictos armados: drones y robots baratos ya alteran el equilibrio militar. La OTAN prueba en Eslovaquia, con apoyo español, tecnologías que reducen costos, riesgos humanos y tiempos de despliegue.

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(Foto de ARCHIVO) Un dron ensaya el vuelo en el centro de entranamiento militar de Lest (Eslovaquia) en unos ejercicios de la OTAN REMITIDA / HANDOUT por OTAN Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 08/6/2026

Ejercicios en Eslovaquia muestran cómo la tecnología barata redefine el combate 

LEST, Eslovaquia. La guerra en Ucrania ha precipitado un cambio profundo en la forma de hacer la guerra. Drones kamikaze, vehículos no tripulados y sistemas de guerra electrónica, mucho más baratos que las grandes plataformas tradicionales, están demostrando que es posible alterar el equilibrio del campo de batalla con inversiones reducidas. La OTAN ya lo asume como un nuevo paradigma y lo ensaya sobre el terreno con apoyo de España y su industria de defensa, describe un reporte del enviado especial de Europa Press, Iván Zambrano.

Ese giro quedó patente esta semana en el centro de entrenamiento militar de Lest, al noreste de Eslovaquia, a unos 300 kilómetros de la frontera ucraniana. Allí, soldados españoles participaron en el ejercicio Task Force X Pilot 5, una iniciativa impulsada por la Alianza Atlántica para acelerar la incorporación de capacidades tecnológicas emergentes en las Fuerzas Armadas de los países aliados. 

El objetivo es claro: reducir los plazos de adquisición y lograr que nuevas herramientas operativas puedan estar desplegadas en un máximo de 24 meses. Pero el mensaje que más resuena entre mandos y empresas participantes va más allá de la innovación técnica. El verdadero cambio está en el coste y la accesibilidad de estas tecnologías, un fenómeno que algunos ya describen como la “democratización” de la guerra

Drones baratos, impacto estratégico

“Los drones han cambiado todo lo que tiene que ver con la guerra. Han venido a democratizarla”, resume Iván Sal, cofundador de la empresa española Asedios Group. Su compañía ha desarrollado el Sakul 630, un dron kamikaze capaz de alcanzar los 180 kilómetros por hora en caída y diseñado para ser producido en masa a bajo coste. 

El aparato, inspirado en modelos utilizados por Irán en conflictos recientes, puede destruir vehículos blindados y se comercializa por unos 50.000 euros. La comparación es contundente: un solo misil Patriot supera los cuatro millones de euros. “Con menos dinero se pueden tener más medios y ser más eficientes”, sostiene Sal. Según su cálculo, saturar una zona con diez drones de este tipo costaría medio millón de euros, una fracción de lo que supone emplear armamento convencional de alta gama. 

Para la industria, la consecuencia es inevitable. “Antes los carros de combate eran los reyes; ahora lo son los drones, en sus distintas variantes”, concluye el directivo, en una reflexión que conecta directamente con las lecciones aprendidas en el conflicto ucraniano. 

Menos soldados expuestos al riesgo

El abaratamiento no es el único factor que está transformando el combate. Otra tendencia clave es la reducción de la exposición directa de los soldados, gracias al uso de plataformas autónomas capaces de asumir misiones peligrosas. 

“El objetivo es sacar al soldado del campo de batalla y que no sean personas las que se enfrenten directamente”, explica Álvaro Carrasco, responsable de soluciones de defensa de Alysis Robotics. La empresa ha desarrollado Adriano, un robot terrestre 4×4 totalmente militarizado, diseñado para tareas de logística táctica, reconocimiento, vigilancia y evacuación de heridos. 

Carrasco subraya las ventajas operativas con una frase gráfica: “El robot no duerme, no come, no tiene frío y no se va de vacaciones”. Al mismo tiempo, advierte de la carrera tecnológica global. China, señala, ya dispone de robots cuadrúpedos armados capaces de moverse en entornos diseñados para humanos, como escaleras o edificios. 

Ucrania como laboratorio de guerra moderna

La guerra en Ucrania funciona, en la práctica, como un banco de pruebas a gran escala. Así lo reconocen responsables de Aunav, la división de sistemas robóticos autónomos del grupo español Escribano, cuyos vehículos terrestres no tripulados se utilizan para desactivar explosivos y pueden incluso apoyar misiones de ataque. 

Desde la compañía insisten en un matiz clave: aunque estos sistemas pueden desplazarse de forma autónoma y esquivar obstáculos, las decisiones letales siguen en manos humanas. El operador puede estar a kilómetros del frente, pero mantiene el control. “La ametralladora no dispara de forma autónoma”, precisan. 

Fuentes militares coinciden en que estas tecnologías no buscan sustituir completamente al soldado. Su función es asumir las tareas más peligrosas. La autonomía total basada en inteligencia artificial, admiten, todavía está lejos de ser una realidad operativa. 

La otra cara del desafío: defenderse de los drones

La proliferación de drones baratos ha obligado a desarrollar, en paralelo, sistemas eficaces para detectarlos y neutralizarlos. En un escenario saturado de amenazas de bajo coste, la capacidad de identificar objetivos y compartir información en tiempo real se ha convertido en una prioridad para la OTAN. 

La empresa ART ha presentado un radar capaz de detectar drones a una distancia de hasta 90 kilómetros, mientras que Adrevex desarrolla sistemas C‑UAS que permiten identificar drones no autorizados y decidir si representan una amenaza. En caso necesario, estos equipos pueden interferir las comunicaciones, inmovilizar el aparato o incluso “cegarlo” para impedir que complete su misión. 

Para la respuesta activa, Indra ha desarrollado el vehículo blindado C‑UAD ARANCE Mobile System, capaz de neutralizar drones con su cañón a distancias de hasta 700 metros. Armmo, por su parte, apuesta por drones interceptores como el Bandit‑X, que puede alcanzar los 350 kilómetros por hora para derribar otros aparatos en vuelo. 

En este ecosistema también juega un papel clave la integración de datos. Amper trabaja en sistemas que combinan la información procedente de distintos sensores y la distribuyen de forma gráfica entre las unidades desplegadas, facilitando una respuesta coordinada. Todo ello se apoya en redes de comunicación independientes de infraestructuras civiles, como la red táctica 5 portátil desarrollada por Atika Tecnologies, diseñada para operar con muy baja latencia. 

Un cambio con impacto global

Los ejercicios en Eslovaquia reflejan una realidad que ya no es teórica. La combinación de bajo coste, rapidez de despliegue y reducción del riesgo humano está redefiniendo la guerra moderna. Para la OTAN, adaptarse a este escenario no es una opción, sino una necesidad estratégica. 

El aprendizaje que deja Ucrania apunta a conflictos más tecnológicos, más distribuidos y, paradójicamente, más accesibles. Un cambio que plantea nuevos retos éticos y de seguridad, pero que ya está marcando el futuro de los ejércitos aliados y del equilibrio militar global.

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