Historia del voto
En palabras diferentes, los ciudadanos quedaban divididos en ciudadanos activos o poseedores y pasivos o sin fortuna.
El voto inicio su andar como mecanismo de aclamación y como mecanismo de ratificación de un gobernante, pero, a partir de la Revolución Francesa de 1789, un cambio fue paulatinamente notorio, no como un obsequio de los gobernantes, sino como resultado de la lucha del pueblo parisino en las calles de Paris que obligaron, tardíamente en 1848, a aprobar una legislación que consagró el voto universal bajo la consigna de “Un hombre, un voto”, como lo había establecido la frustrada constitución del año 1793. La expresión “un hombre, un voto”, a su vez, debe ser sometida a escrutinio porque esconde falsedades notorias. Primero, es falso que se cumpliese literalmente y, segundo, se hizo con exclusión de la mujer. Cuando se habla de “un hombre un voto” no se alude a todos los hombres, se alude a los beautie possidendi, es decir, a los burgueses, a los poseedores de bienes muebles e inmuebles. Es lo que se denominó entonces voto censitario o voto fiscal, es decir, quien no aportaba al fisco no debía tener derecho a votar. De donde resulta que, quien no tuviere posesiones quedaba excluido del derecho a votar. Igual ocurría con las féminas, estas tampoco tenían derecho al voto aun en el caso de que fueren esposas, madres o hijas de un burgués.
En palabras diferentes, los ciudadanos quedaban divididos en ciudadanos activos o poseedores y pasivos o sin fortuna. A estos últimos, quedaban unidos los incapaces, las mujeres, los extranjeros, los menores, etc., situación que les impedía votar.
El hombre no poseedor empezó a ser tomado en cuenta como votante cuando emergieron las ideas socialistas de los socialistas utópicos y luego con las ideas del materialismo histórico del marxismo. Es decir, es un aporte de la teoría marxista sobre la lucha de clases a la humanidad conectado al humanismo cristiano, principalmente, católico que condicionó en su momento las ideas filosóficas.
La evolución introductiva del voto ocurrió, modélicamente, en Francia como consecuencia de la Revolución francesa de 1789 del modo siguiente: En 1841, el diputado demócrata-socialista Lendru-Rollin, propuso bajo la consigna de “voto universal”, una reforma electoral donde el derecho a votar no fuere determinado por la fortuna del individuo, sino que, debería ser determinado por la noción de “voto universal y directo, es decir no delegable, y, que los hombres de la nación fueran los diputados y no los burgueses”. A esta posición se adhirieron los comunistas y los anarquistas y, finalmente, los bonapartistas, éstos últimos fueron quienes entonces añadieron la noción de que “la legitimidad imperial debía residir en el pueblo.” En términos electorales, que todos tuvieren derecho a votar.
Quedaba entonces pendiente el tema de la duración del mandato, Blanqui (partidario de obtener derechos mediante la fuerza), sugirió que el pueblo como soberano debía otorgar mandato periódico y no indefinido porque entonces no habría democracia sino dictadura y tiranía. Bajo estos lineamientos, en 1848, quedó legalmente establecido el derecho universal al voto, es decir la consigna de un hombre, un voto, quedaba legitimado en Francia. Al tiempo que Lendru-Rollin quedó consagrado como el padre del voto universal. La mujer francesa debió esperar hasta el año de 1944 para obtener su derecho a votar. Por tanto, la mujer dominicana obtuvo este derecho dos años antes que la mujer francesa, esto es en 1942.
Al mismo tiempo, se debe indicar que, concomitantemente con la aparición legal del voto, apareció también la noción de partido político como medio para motivar el voto y defender el derecho a elegir y a ser elegido. Paulatinamente y andando en el tiempo hasta la actualidad, los partidos políticos se convertirían en los guardianes del voto y de la democracia porque hoy constituyen el instrumento por medio del cual se puede materializar el derecho a elegir y a ser elegido.
En principio, los partidos eran, en esencia, burgueses, pero de más en más, aparecieron los partidos socialistas o de masas, por último, aparecieron los partidos “atrapatodo votante” que son los que hoy sobreviven con mayor fuerza, quedando las demás denominaciones como simbólicas. Pero junto a los partidos políticos atrapatodo, aparece también la noción del voto persuadido. Esta última noción produce un cambio sustancial, pues por intermedio de ella se emplean todo tipo de recurso con el objeto de inclinar la motivación del voto hacía un candidato determinado.
Se habla de voto persuadido porque el votante ya no ejerce un voto racional, sino un voto coaccionado por diversos factores como el miedo, la incertidumbre, la prebenda, la compra, etc. Es decir, la voluntad o persuasión para el voto ejerce una presión tal que, unida la a presión de la propaganda política por intermedio de medios de comunicación tradicionales y no tradicionales como las redes sociales y las telecomunicaciones en general, condicionan al votante en los términos en que Isaac Asimov lo proyectó en su famoso artículo denominado el “votante único”. Desde esta perspectiva, cabría preguntarse, si el voto así obtenido es un voto libre o un voto de coacción.
Así, cuando se habla de la decadencia de la democracia se hace alusión a la deformación del voto en que se incurre en cada proceso electoral auspiciado por la necesidad de motivar el voto. Esta noción, entendemos, no solo debe ser ponderada sino encausada hasta revitalizar la democracia de nuevo porque hoy no se vota por el mejor, sino por el que va a ganar en relación directa con la cantidad de recursos de toda naturaleza que emplea.
En principio, la escogencia de candidatos a posiciones públicas electivas, las hacían los ciudadanos, era raro que alguien se auto proclamara candidato, sobre todo, a partir del surgimiento de los partidos de masas, porque se consideraba indigna tal propuesta, sin embargo, ahora la norma es la auto proclamación, la cual, de nuevo, se identifica con la posición económica y la posibilidad de auto sufragarse los costes de la campaña o, contar con alguien que la soporte. De modo que, de más en más, la plutocracia domina el voto directa o indirectamente. De ahí la deriva de la democracia, de ahí su descrédito progresivo. De ahí las amenazas que se ciernen sobre ella. Otra gran amenaza es el voto electrónico o logarítmico que ya describió Isaac Asimov con gran realismo práctico.
En conclusión, el voto hoy en día ofrece gran contradicción con su práctica histórica, sabido es que al historicismo se le critica también por pretender una historia lineal, pero, a la vez, sus críticos caen en el error de criticar el historicismo repitiendo la historia, lo cual, a su vez, también resulta contradictorio. Si bien los partidos de cuadros fueron primero los burgueses, luego cuando los partidos obreros o de masas crearon cuadros políticos profesionales recibieron criticas de la acera de enfrente. Igual ocurre con la noción de intelectual orgánico, creación organizada de los partidos de masas que más tarde fue asumida por la burguesía, no obstante haberlos criticado antes.
Tal y como ha demostrado Michael Foucault, la verdad en una campaña electoral, es una pos verdad. Es decir, se ha llegado al grado de que nada de lo que se dice en campaña obedece a una verdad real, es más bien un recurso mediático comunicativo que nada tiene que ver ni con la acción comunicativa de Habermas, ni con la postura de equidad de John Rawls, es, simplemente, eso: propaganda política idéntica al marketing, a la publicidad comercial. Por tanto, el producto que deriva hoy del voto, es un producto publicitario que, rara vez, constituye un producto real. Este modelo se ha extendido tanto que, difícilmente se encuentre un gremio profesional, una asociación de vecinos, de barrio, de empresa, de sindicato, etc., que escape a este modelo.
Modelo que, dicho sea de paso, ataca con ferocidad a otros modelos que dicen ser también democrático pero que operan de modo diferente como el claustro, el voto directo o sin proselitismo, etc. Lo cual, amerita una revisión porque, por ejemplo, en las academias, publicas y privadas está produciendo estragos. Dicho de otra manera, la democracia, cuando muere no lo hace por golpes externo, muere por golpes desde dentro. Así, se forman coaliciones en contra de, o a favor de, sin racionalidad alguna en relación al objeto o interés colectivo. Se convierte así un proceso sin contradicciones internas, en un proceso altamente contradictor, pero que, al final, el producto, no guarda relación con el objeto. Por tanto, se regresa al origen de los partidos políticos, a la facción y con ella decae lo institucional y como en el mito de Sísifo, se sigue a la búsqueda de algo que nunca se encontrará bajo esos términos procedimentales.
De manera que, cuando alguien se pregunta ¿cómo mueren las instituciones?, ¿cómo mueren las democracias? Debemos decir, casi de manera general, que la teoría de Tiberio, el legado del Emperador Tiberio a Roma, se ha universalizado por al menos dos razones, la primera, es la fuerza del dinero en la propaganda y, segundo, por cuestiones psicológicas originadas en un populismo mal entendido que, en no pocas ocasiones requiere con obligatoriedad morbo, pan y circo. Es decir, se convierte en un atentado a la racionalidad, a la objetividad, al interés general. DLH-14-5-2026
David La Hoz
David la Hoz: Profesor de Derecho Constitucional y Administrativo en la UASD durante más de tres décadas, ha dirigido el Centro de Estudios Constitucionales y se ha desempeñado como Defensor del Pueblo Universitario. Preside FUNDECOM y funge como vicepresidente de ONPECO. Miembro de la Academia Dominicana de Ciencias Políticas, es abogado, investigador y articulista. Autor prolífico, ha publicado más de diez libros sobre derecho constitucional, administrativo, comercial, ambiental y derechos de autor en República Dominicana.
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