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Sigue la violencia: Masacre en Haití deja más de 30 muertos

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Pandillas atacan comunidad en Artibonito y queman viviendas

La violencia volvió a golpear con crudeza a Haití. Al menos 30 personas murieron en una masacre perpetrada por una banda armada en la localidad de Jean-Denis, en la región de Bajo Artibonite, en un episodio que refleja el deterioro sostenido de la seguridad en ese país caribeño.

La información fue confirmada por Bertide Horace, portavoz de la Comisión de Diálogo, Reconciliación y Sensibilización, quien denunció que la población civil continúa siendo blanco directo de ataques sistemáticos por parte de grupos criminales. “Las comunidades siguen siendo víctimas de masacres”, afirmó, en una declaración que resume el clima de indefensión que prevalece en amplias zonas del territorio haitiano.

Según reportes locales, entre las víctimas hay al menos cinco miembros de una misma familia. El ataque no se limitó a disparos. Los agresores incendiaron viviendas y pequeños comercios, dejando a su paso una estela de destrucción. Dos personas murieron calcinadas dentro de sus casas, mientras otras fallecieron por heridas de bala o durante intentos desesperados de huir del lugar.

Testimonios recogidos en la zona describen una ofensiva violenta y coordinada. La banda señalada como responsable es conocida como Gran Grif, un grupo que ya ha sido vinculado a otras acciones similares en el pasado. Su accionar, cada vez más agresivo, forma parte de una dinámica de control territorial que las pandillas han ido consolidando en distintas regiones del país.

El ataque también incluyó un intento de tomar el control de la localidad. Sin embargo, grupos de autodefensa comunitaria respondieron con resistencia, lo que derivó en enfrentamientos armados. Estos grupos, formados por residentes, han surgido ante la ausencia efectiva del Estado y la limitada capacidad operativa de las fuerzas de seguridad.

Uno de los puntos más cuestionados tras la masacre ha sido la actuación de la Policía Nacional. Habitantes y líderes comunitarios aseguran que la intervención llegó tarde, cuando los atacantes ya se habían retirado. La percepción de abandono institucional sigue alimentando la desconfianza hacia las autoridades.

Desde el Comité de Iniciativa para la Reconciliación y la Sensibilización (KILBA), organizaciones civiles reiteraron el llamado urgente a reforzar los recursos de la Policía, tanto en equipamiento como en personal. Advirtieron que sin una respuesta estructural del Estado, estos episodios seguirán repitiéndose con mayor frecuencia y letalidad.

La masacre en Jean-Denis no es un hecho aislado. Forma parte de una cadena de violencia que ha dejado cientos de muertos en los últimos meses en Haití, donde las pandillas controlan rutas clave, barrios enteros y, en algunos casos, servicios básicos. La fragmentación del poder y la debilidad institucional han creado un terreno fértil para la expansión de estos grupos.

Mientras tanto, la población civil sigue atrapada en medio de un conflicto no declarado, donde la supervivencia cotidiana depende, cada vez más, de la capacidad de resistir o huir. En Jean-Denis, el silencio tras los disparos deja ahora una pregunta abierta: cuánto más puede soportar una comunidad sin protección.

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