Ray Barretto: cuando la conga se volvió ácida
Reeditan en vinilo ‘Acid’, el álbum que desafió géneros y anticipó la salsa
Hubo un tiempo en que la música latina en Nueva York se cocía a fuego lento en las calles del Bronx, entre el eco de las trompetas de Machito y el swing de Count Basie que llegaba desde los altoparlantes de las cafeterías. En medio de ese hervidero cultural, un hijo de puertorriqueños nacido en Brooklyn, Ray Barretto, se abrió camino con sus congas hasta convertirse en uno de los percusionistas con más grabaciones en la historia del jazz. Pero su historia no terminaba ahí.

Barretto no fue solo un músico de sesión de lujo para sellos como Blue Note, Prestige o Riverside. Tampoco fue únicamente el hombre que puso ritmo a discos de Wes Montgomery, Cal Tjader o Kenny Burrell. Él quería algo más. Y lo encontró cuando formó su propio grupo a principios de los sesenta, justo cuando el boogaloo empezaba a tomar forma en los barrios latinos de la ciudad.
Para 1967, con casi una docena de álbumes a cuestas, firmó con Fania Records. Ahí armó The Ray Barretto Orchestra, una ensamble que sonaba como las viejas orquestas cubanas pero con la electricidad de una ciudad que no dormía. Su primer golpe había llegado años antes con “El Watusi”, pero lo que estaba por venir cambiaría su carrera para siempre.
Ese mismo año, en medio de un momento de efervescencia creativa, Barretto entró al estudio con un grupo de músicos que hoy leemos como una constelación de estrellas: el bajista Bobby Rodríguez, el timbalero Orestes Vilató, los trompetistas René López y Roberto Rodríguez, y el pianista Louis Cruz. Todos juntos, sin dobles tomas, grabaron Acid. El resultado fue un disco que olía a espontaneidad, a riesgo, a fusión sin red de protección.
Craft Latino acaba de anunciar la reedición en vinilo mono de ese clásico de 1968, producido por Harvey Averne, otra leyenda de la escena nuyorican. El álbum llegará a tiendas el 22 de mayo en una edición de 180 gramos, cortada a partir de placas completamente analógicas (AAA) remasterizadas por Dave Polster y Clint Holley, con portada “tip-on” que reproduce fielmente el arte psicodélico original. Para los más obsesivos —y los crate diggers de corazón— habrá dos versiones limitadas: 350 copias en “Orange Sunshine” a través de Fania.com, disponibles solas o en paquete con una camiseta coleccionable; y otras 300 en “Marbled Yellow” para Fat Beats.
Acid no fue solo un título provocador. La canción que le da nombre se construye sobre un bajo hipnótico, casi primitivo, hasta que explota en un jam guiado por un solo de conga de Barretto que parece querer incendiar el estudio. Detrás de él, cada músico encuentra su espacio para improvisar, como si la pista fuera un ring de boxeo y todos quisieran subirse a dar su round. El espíritu de ese encuentro alcanza su punto más alto en “Espíritu Libre”, ocho minutos y medio de percusión cruzada, cambios de compás y solos que muestran a la banda en su mejor momento.
Pero el álbum también respiraba R&B en “Mercy, Mercy, Baby” y soul en “Teacher of Love”, mezclaba letras en inglés con metales swing y ritmos afrocubanos. Y en “A Deeper Shade of Soul”, sin saberlo, Barretto dejó una semilla que décadas después germinaría en un sample para Urban Dance Squad y terminaría en el soundtrack de Grand Theft Auto: Vice City Stories.
Lo cierto es que Acid fue mucho más que un disco de boogaloo. Fue un puente tendido entre el latin soul que agitaba las pistas de baile neoyorquinas y la salsa que explotaría con fuerza en los setenta. Como escribió All About Jazz años después: “Una vez que lanzó Acid al mundo, Barretto se consolidó como un innovador por derecho propio. Al igual que la sustancia, Acid tuvo un efecto expansivo en la mente de todos”.
Barretto seguiría ampliando su horizonte con álbumes como The Message (1971), Que Viva la Música (1972) e Indestructible (1973), mientras formaba parte del colectivo Fania All Stars. Pero además de su prolífica carrera como líder —más de 50 álbumes en cinco décadas—, siguió siendo el conguero al que llamaban los Bee Gees, los Rolling Stones y Crosby, Stills & Nash. En 2006, meses antes de su muerte, recibió el Jazz Masters Award del National Endowment for the Arts.
Casi dos décadas después, Acid sigue sonando como un disco que no debió funcionar. Pero funcionó. Y lo hizo porque Barretto, como pocos, entendió que la música latina en Nueva York no tenía por qué pedir permiso para mezclarse con el soul, el funk o el jazz. Solo tenía que encontrar el ritmo justo. Y cuando lo encontró, sonó como ácido.
José Tejada Gómez
Estudió en la Universalidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Periodista, fundador y director de DiarioDigitalRD. Ex presidente del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) Contacto: josetgomez@diariodigitalrd.com
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