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Oro apunta a nuevos récords tras tensiones con Irán

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Clamor social exige capturar renta minera ante auge histórico del oro
Organizaciones pidieron que el Estado dominicano capture por ley los excedentes generados por los precios internacionales del metal y que parte de los impuestos de Barrick Gold se paguen en oro, no en divisas.

Analistas prevén rebote fuerte si baja presión geopolítica

Santo Domingo. – El mercado del oro atraviesa un momento de corrección brusca, pero no necesariamente de debilidad estructural. La reciente caída, que ha sorprendido incluso a inversores experimentados, podría ser apenas un ajuste temporal antes de un nuevo ciclo alcista, impulsado por factores más profundos que siguen intactos.

Esa es la lectura que hace Nigel Green, director ejecutivo de deVere Group, quien sostiene que una eventual desescalada en el conflicto con Irán podría actuar como catalizador inmediato para que el metal precioso vuelva a marcar máximos históricos.

En cuestión de semanas, el oro ha perdido más del 10% de su valor. Pasó de niveles superiores a los 5,500 dólares por onza a rondar los 4,600, una caída que lo coloca entre sus retrocesos más pronunciados en el corto plazo en los últimos años. La reacción ha estado vinculada, en gran medida, a las tensiones geopolíticas y su impacto en variables macroeconómicas clave.

Según explica Green, el conflicto ha tensionado los mercados energéticos, elevando las expectativas de inflación y retrasando posibles recortes en las tasas de interés. En ese escenario, el oro —un activo que no genera rendimiento— pierde atractivo frente a instrumentos que sí ofrecen retorno, al menos en el corto plazo.

Pero ese análisis, advierte, se queda en la superficie.

Detrás de la volatilidad reciente hay una tendencia mucho más robusta: la acumulación sostenida de oro por parte de bancos centrales. Durante los últimos tres años, estas instituciones han comprado más de 1,000 toneladas anuales, incluyendo unas 1,045 toneladas solo en 2025, en lo que ya se considera el mayor ciclo de compras desde la década de 1960.

Entre los protagonistas de este movimiento figuran entidades como el Banco Popular de China y el Banco Nacional de Polonia, que han reforzado sus reservas en una estrategia que apunta más allá de coyunturas inmediatas.

La lógica detrás de estas decisiones no es nueva, pero sí cada vez más visible: reducir la dependencia del dólar y fortalecer la resiliencia financiera. En ese contexto, el oro vuelve a ocupar un lugar central como activo de refugio, libre de riesgo de contraparte y menos expuesto a presiones políticas.

Más de 20 bancos centrales aumentaron sus reservas durante el último año, consolidando lo que ya se perfila como un cambio estructural en la arquitectura financiera global. De hecho, encuestas recientes indican que cerca del 75% de estas instituciones espera incrementar la proporción de oro en sus reservas en los próximos cinco años.

Para Green, ese reequilibrio es una de las tendencias más relevantes del sistema financiero actual. “El dólar sigue siendo dominante, pero su peso relativo está disminuyendo, mientras que el oro gana terreno”, sostiene.

Ese fenómeno, conocido como desdolarización, no ocurre de forma abrupta, sino progresiva. Y en ese proceso, el oro funciona como una especie de ancla estratégica. Por eso, incluso en momentos de corrección como el actual, el mercado mantiene un soporte de fondo difícil de ignorar.

A esto se suma la demanda privada e institucional, que también muestra señales de crecimiento. Las proyecciones apuntan a que la demanda combinada de bancos centrales e inversores podría situarse en torno a las 585 toneladas por trimestre hasta 2026, un volumen que refuerza la presión alcista en el mediano plazo.

El comportamiento reciente del oro guarda similitudes con episodios anteriores. Tras el estallido de la invasión rusa de Ucrania, el metal también entró en una fase de caída prolongada, arrastrado por el impacto de la crisis energética y la inflación global. En ese entonces, acumuló siete meses consecutivos de pérdidas antes de recuperar terreno.

Hoy, las condiciones macroeconómicas presentan paralelismos claros. Sin embargo, el contexto estructural parece más sólido, sobre todo por el papel activo de los bancos centrales.

Green insiste en que la actual debilidad no debe interpretarse como un cambio de tendencia, sino como un ajuste vinculado al posicionamiento del mercado. En otras palabras, una reacción táctica ante el entorno, no una señal de deterioro en los fundamentos.

El punto de inflexión, según su análisis, llegará cuando disminuyan las tensiones en Oriente Medio. Si el escenario con Irán se estabiliza, es probable que el capital vuelva rápidamente al oro, impulsado por la demanda acumulada que hoy permanece en pausa.

En ese contexto, el rebote podría ser más rápido de lo esperado. “La magnitud de las compras de los bancos centrales sugiere que cualquier subida podría ser pronunciada”, advierte.

Con los factores estructurales alineados —desde la desdolarización hasta la demanda institucional—, el oro parece moverse en una lógica de fondo distinta a la de ciclos anteriores. La volatilidad sigue presente, pero la dirección de largo plazo, al menos por ahora, apunta hacia arriba.

La incógnita no es si el oro volverá a subir, sino cuándo y con qué intensidad. Y, según los analistas, esa respuesta podría depender menos de los mercados y más de la evolución de un conflicto que mantiene en vilo a la economía global.

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