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FMI alerta impacto global por crisis energética por guerra contra Irán

| | 5 min read

Conflicto en Ormuz presiona inflación y crecimiento mundial

El tablero económico global vuelve a tensarse. No por una crisis financiera clásica, sino por un factor que suele desencadenar efectos en cadena: la energía. Desde el Fondo Monetario Internacional, la advertencia es clara. El conflicto en torno al estrecho de Ormuz ya está alterando el pulso de la economía mundial y, si se prolonga, sus consecuencias podrían sentirse desde las grandes potencias hasta las economías más pequeñas del Caribe.

Así lo explicó Julie Kozack, directora del Departamento de Comunicaciones del organismo, al trazar un panorama que mezcla incertidumbre, presión inflacionaria y mercados financieros nerviosos.

El cuello de botella energético

El primer impacto es tangible. El cierre del estrecho de Ormuz —una arteria clave del comercio global— ha interrumpido cerca del 20 % del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado transportado por mar. No es un dato menor: se trata de una de las rutas más sensibles del planeta.

A esto se suma el daño a infraestructuras energéticas en la región del Golfo e Irán, lo que ha reducido la capacidad de producción. El resultado ya se refleja en los precios. En apenas un mes, el petróleo y el gas han subido más de un 50 %, superando la barrera de los 100 dólares por barril.

Pero el efecto no se queda ahí. La interrupción del transporte también ha golpeado el comercio de fertilizantes, lo que abre la puerta a un incremento en los precios de los alimentos. Es el tipo de cadena que suele golpear con más fuerza a los países importadores.

Inflación: el fantasma que regresa

El segundo canal de impacto es más silencioso, pero igual de peligroso: la inflación.

Kozack advierte que, si los altos precios de la energía se mantienen, la presión inflacionaria global aumentará. Y no solo por el encarecimiento directo del combustible, sino por los llamados “efectos de segunda ronda”: cuando el alza se traslada al resto de los bienes y servicios.

Existe una regla empírica que los economistas del Fondo observan de cerca: un aumento del 10 % en el precio del petróleo, sostenido en el tiempo, podría elevar la inflación global en 0.4 puntos porcentuales y reducir el crecimiento mundial entre 0.1 % y 0.2 %.

No parece dramático a primera vista, pero en una economía global aún marcada por tensiones recientes, ese tipo de variación puede inclinar la balanza.

Mercados en modo defensivo

El tercer frente es financiero. Y ahí las señales ya son visibles.

Las bolsas han retrocedido, los rendimientos de los bonos han subido y la volatilidad se ha instalado en los mercados. El dólar se fortalece, mientras varias monedas de economías emergentes pierden terreno.

Es el comportamiento típico en tiempos de incertidumbre: los inversionistas buscan refugio, y eso suele encarecer el financiamiento para países en desarrollo.

Golpe desigual por regiones

No todos los países sentirán el impacto de la misma manera. En el Consejo de Cooperación del Golfo, por ejemplo, el efecto es mixto.

Por un lado, la interrupción de exportaciones puede afectar el crecimiento. Por otro, los altos precios del petróleo podrían compensar parcialmente esas pérdidas. La diferencia estará en la capacidad de cada país para sostener su producción y aprovechar el contexto.

En Europa, el panorama es más claro: la dependencia energética la coloca en una posición vulnerable. El aumento de los precios del gas y el petróleo será el principal canal de impacto, acompañado por condiciones financieras más estrictas.

Caribe: entre presión y oportunidades

Para el Caribe, el análisis del FMI apunta a un escenario conocido, pero no por ello menos complejo.

Las economías que dependen de la importación de energía podrían enfrentar presiones sobre su balanza de pagos, especialmente si los precios se mantienen altos. En cambio, los países exportadores podrían beneficiarse del repunte.

Pero hay otros factores en juego. El turismo —motor clave en la región— podría verse afectado si la incertidumbre global reduce los viajes. Lo mismo ocurre con las remesas, que dependen de la estabilidad económica en los países emisores.

En resumen, el impacto será desigual, pero difícilmente inexistente.

El caso de Medio Oriente y África

En países como Líbano, el conflicto agrava una situación ya crítica. Sectores como el turismo, la agricultura y el comercio están bajo presión, mientras los daños a la infraestructura complican aún más la recuperación.

Egipto, en cambio, ha logrado contener parcialmente el impacto. Según el FMI, la respuesta de sus autoridades ha sido rápida y coordinada. La flexibilidad del tipo de cambio ha servido como amortiguador, permitiendo absorber parte de las presiones externas sin agotar reservas.

Un mundo en alerta

Desde el FMI insisten en que todo dependerá de una variable clave: la duración del conflicto. Cuanto más se prolongue, mayores serán los efectos sobre la inflación, el crecimiento y la estabilidad financiera.

Mientras tanto, los bancos centrales están llamados a mantenerse vigilantes. La prioridad es evitar que el aumento de los precios de la energía se traduzca en una inflación persistente.

Por ahora, no hay solicitudes formales de financiamiento de emergencia. Pero el organismo reconoce que, en un entorno incierto, cada vez más países miran hacia el Fondo en busca de respaldo.

La próxima evaluación global llegará en abril, con la actualización del informe de perspectivas económicas. Será entonces cuando se tenga una imagen más clara del alcance real de esta nueva sacudida.

Por lo pronto, el mensaje es directo: el mundo vuelve a depender, una vez más, de lo que ocurra en un estrecho de apenas unos kilómetros de ancho, pero con capacidad de mover toda la economía global.

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