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La oveja negra de las aulas: te presento a las matemáticas

| | 7 min read

Esta realidad se hace aún más evidente cuando observamos los resultados de evaluaciones internacionales.

Por Keren Rojas

En muchas aulas dominicanas, ocurre algo curioso y preocupante al mismo tiempo: la palabra matemáticas provoca reacciones inmediatas: ansiedad, rechazo o la creencia de que se trata de una materia solo para “genios”. Basta con que un profesor escriba un problema en la pizarra para que algunos estudiantes bajen la mirada, otros suspiren con resignación y algunos incluso digan en voz baja: “yo no sirvo para matemáticas”. No es solo una reacción momentánea; es una idea que muchos jóvenes han aprendido a repetir casi como una verdad absoluta. Mientras me preparo para convertirme en docente de matemáticas, no puedo evitar preguntarme: ¿en qué momento las matemáticas dejaron de ser una herramienta para comprender el mundo y se convirtieron en un enemigo para tantos estudiantes?

Esta percepción negativa no surge de la nada. Se construye poco a poco, a través de experiencias de frustración, métodos de enseñanza que priorizan la repetición sobre la comprensión y una cultura educativa que muchas veces presenta las matemáticas como algo reservado para unos pocos “inteligentes”. Con el tiempo, esa idea termina afectando profundamente la motivación de los estudiantes. Cuando alguien cree que no puede aprender algo, es muy probable que deje de intentarlo incluso antes de comprenderlo. Por eso considero que una de las principales dificultades en el aprendizaje de las matemáticas en la República Dominicana es precisamente la percepción negativa que muchos estudiantes tienen hacia esta materia, una percepción que termina influyendo directamente en su rendimiento académico.

Esta realidad se hace aún más evidente cuando observamos los resultados de evaluaciones internacionales como el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA). En estas pruebas, que miden la capacidad de los jóvenes para aplicar conocimientos en situaciones reales, la República Dominicana ha obtenido resultados significativamente bajos en matemáticas en comparación con otros países. Más que simples números en un informe, estos resultados reflejan una situación preocupante: muchos estudiantes llegan al final de la educación básica sin haber desarrollado plenamente habilidades fundamentales como el razonamiento lógico, la interpretación de información o la resolución de problemas.  Sin embargo, detrás de esas estadísticas también hay historias, contextos y oportunidades que aún no hemos sabido aprovechar.

Lo que más me inquieta de esta situación no es únicamente el resultado en sí, sino la forma en que muchos estudiantes terminan aceptándolo como algo inevitable. A veces parece que hemos normalizado la idea de que las matemáticas son difíciles y que no todos pueden comprenderlas. Sin embargo, la historia de esta disciplina nos demuestra todo lo contrario. El matemático y educador George Pólya, reconocido por sus estudios sobre la resolución de problemas, defendía que el pensamiento matemático se desarrolla a través de la curiosidad y la práctica. En su obra How to Solve It, Pólya (1945) explica que resolver problemas no es un talento reservado para unos pocos, sino una habilidad que puede aprenderse y fortalecerse con el tiempo. Esta perspectiva cambia completamente la manera en que deberíamos entender el aprendizaje matemático: no como una prueba de inteligencia, sino como un proceso de descubrimiento.

Aun así, la experiencia escolar de muchos estudiantes parece alejarse de esta visión. En numerosas ocasiones, las matemáticas se presentan como una serie de reglas rígidas que deben aplicarse correctamente para evitar el error. En este contexto, equivocarse suele percibirse como un fracaso en lugar de ser entendido como una etapa natural del aprendizaje. Poco a poco, la curiosidad se sustituye por la ansiedad, y la exploración intelectual se convierte en temor a equivocarse. 

Algo similar puede observarse en el pensamiento de Carl Friedrich Gauss, uno de los matemáticos más influyentes de la historia. Gauss afirmaba que “la matemática es la reina de las ciencias” (Bell, 1937). Esta frase, que puede parecer grandiosa, en realidad encierra una verdad profunda: las matemáticas no son simplemente una asignatura escolar, sino una herramienta fundamental para comprender el universo. Desde el movimiento de los planetas hasta el funcionamiento de la tecnología moderna, gran parte de lo que entendemos del mundo se apoya en ideas matemáticas. Y sin embargo, en muchas aulas, esa grandeza se reduce a una serie de procedimientos que los estudiantes deben memorizar sin comprender realmente su significado.

Esta desconexión entre el potencial de las matemáticas y la manera en que se enseñan es, en mi opinión, una de las grandes paradojas de nuestro sistema educativo. Mientras la sociedad actual depende cada vez más del pensamiento científico y tecnológico, muchos estudiantes siguen percibiendo las matemáticas como una materia abstracta, lejana y difícil. Tal vez el problema no esté únicamente en los contenidos, sino en la forma en que los presentamos y en el ambiente emocional que se construye alrededor de ellos.

A pesar de todo, no creo que esta realidad sea irreversible. Al contrario, creo que el hecho de que hoy podamos reconocer estas dificultades ya es un primer paso hacia el cambio. El aprendizaje de las matemáticas en la República Dominicana podría mejorar significativamente si logramos transformar la manera en que los estudiantes se relacionan con esta disciplina. Cuando las matemáticas dejan de presentarse como un conjunto de reglas rígidas y comienzan a explorarse como una forma de pensar, es posible despertar algo que a veces olvidamos: la curiosidad.

La historia de la ciencia está llena de ejemplos que nos recuerdan el poder de esa curiosidad. Isaac Newton, uno de los científicos más influyentes de todos los tiempos, desarrolló ideas que transformaron la forma en que entendemos el universo. Sus contribuciones a las matemáticas y a la física demostraron que el pensamiento humano puede llegar sorprendentemente lejos cuando se atreve a cuestionar lo que parece evidente. Pensar en esto me lleva inevitablemente a una reflexión: ¿cuántos talentos dominicanos podrían desarrollarse si más estudiantes tuvieran la oportunidad de descubrir el lado fascinante de las matemáticas?

Como joven que aspira a convertirse en docente, no puedo evitar sentir cierta inconformidad frente a la realidad actual. No porque crea que todo está perdido, sino precisamente porque creo que podría ser diferente. La educación tiene el poder de transformar percepciones, despertar talentos y abrir caminos que antes parecían imposibles. Pero para que eso ocurra, primero debemos atrevernos a cuestionar lo que hemos aceptado durante demasiado tiempo.

Quizás el verdadero desafío no sea enseñar más matemáticas, sino reconciliar a los estudiantes con ellas. Hacer que dejen de verlas como un obstáculo y comiencen a percibirlas como una forma de comprender el mundo. Y si algún día logramos cerrar estas brechas y cambiar la percepción que existe sobre esta disciplina, tal vez entre los jóvenes que hoy se sientan en nuestras aulas haya alguien que descubra en los números una pasión inesperada.

Tal vez, si logramos cambiar esa historia, podríamos encontrar algún día al próximo Isaac Newton de sangre dominicana. Y quizás ese estudiante, antes de convertirse en un gran científico, solo necesitaba algo muy sencillo: creer que sí podía aprender matemáticas.

Referencias

Pólya, G. (1945). How to solve it: A new aspect of mathematical method. Princeton University Press.

Bell, E. T. (1937). Men of mathematics. Simon & Schuster.

Newton, I. (1687/1999). The principia: Mathematical principles of natural philosophy (I. B. Cohen & A. Whitman, Trans.). University of California Press.

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2019). PISA 2018 results (Volume I): What students know and can do. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/5f07c754-en

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