Aulas que claman: Educación y esperanza en la República Dominicana
Hablar de educación en la República Dominicana es hablar de esperanza.
Por Katherine Pinales Mancebo
Hay países que se construyen con cemento y acero; otros se levantan con libros abiertos y voces que enseñan. La República Dominicana vive entre ambos mundos: el del crecimiento visible y el del desarrollo pendiente. Mientras vemos edificios nuevos, carreteras modernas y proyectos que aparentan progreso, también existe otra realidad menos evidente: la de aulas que claman por transformación. La educación en nuestro país no es solo un derecho escrito en la Constitución; es una promesa que todavía lucha por cumplirse completamente.
Hablar de educación en la República Dominicana es hablar de esperanza, pero también de una deuda histórica. Es pensar en niños con uniformes limpios y mochilas llenas de cuadernos, pero con vacíos en comprensión lectora y pensamiento crítico. El sistema educativo dominicano no puede considerarse un fracaso absoluto; sin embargo, tampoco puede afirmarse que esté formando plenamente la sociedad crítica y consciente que el país necesita. Existe un contraste doloroso entre lo que aspiramos a ser como nación y lo que realmente estamos logrando en nuestras aulas.
La educadora chilena Gabriela Mistral concebía la educación como un acto profundamente humano orientado a la formación integral del individuo. En su obra Lecturas para mujeres, expresa:
Sin intención moral, con las lecturas escolares los maestros formamos sólo retóricos y dilettantis; creamos ocios para las academias y los ateneos, pero no formamos lo que nuestra América necesita con una urgencia que a veces llega a parecerme trágica: generaciones con sentido moral, ciudadanos y mujeres puros y vigorosos e individuos en los cuales la cultura se haga militante, al vivificarse con la acción y convertirse en servicio (Mistral, 1948, p. 11).
Esta visión invita a reflexionar sobre el verdadero propósito de la educación. Educar no debería limitarse a transmitir información o preparar estudiantes para aprobar exámenes. Más bien, debería contribuir a la formación de ciudadanos con valores, conciencia social y capacidad de pensamiento crítico.
La educación que se desea construir en la República Dominicana es ambiciosa: equitativa, inclusiva, tecnológica y de calidad. Sin embargo, la realidad educativa aún enfrenta numerosos desafíos. En zonas rurales faltan recursos básicos; en comunidades vulnerables el acceso a tecnología continúa siendo limitado; y aunque la jornada escolar extendida representa un avance importante, la calidad del aprendizaje no siempre mejora al mismo ritmo que el tiempo que los estudiantes permanecen en el aula.
En este contexto, las ideas pedagógicas de María Montessori resultan especialmente inspiradoras. Montessori sostenía que el niño no es un recipiente vacío que debe llenarse de conocimientos, sino un ser humano con potencial propio que debe desarrollarse en un ambiente adecuado. Según Montessori (1967), la educación debe entenderse como una ayuda activa al desarrollo natural del niño.
El pedagogo brasileño Paulo Freire criticó lo que denominó la “educación bancaria”, un modelo en el cual el docente deposita información en estudiantes pasivos que se limitan a memorizar contenidos (Freire, 1970). Frente a este enfoque, Freire propuso una educación basada en el diálogo, la participación y el desarrollo de la conciencia crítica.
Es importante reconocer que en los últimos años se han logrado avances significativos en el sistema educativo dominicano. La ampliación de la cobertura escolar y el aumento de la inversión pública en educación constituyen pasos importantes hacia la mejora del sistema. Sin embargo, el progreso cuantitativo debe ir acompañado de mejoras cualitativas.
Educar en la República Dominicana es, en cierto modo, un acto de resistencia frente a la desigualdad. Significa creer que cada niño y cada joven merece la oportunidad de desarrollar plenamente su potencial. Solo entonces nuestras aulas dejarán de clamar en silencio y podrán convertirse en el verdadero corazón intelectual y moral de una República Dominicana plenamente educada.
Referencias
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
Mistral, G. (1948). Lecturas para mujeres. Editorial Universitaria.
Montessori, M. (1967). The Montessori method. Schocken Books.
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La autora del artículo es estudiante de la Licenciatura en Educación, mención Idiomas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.
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