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Drones golpean la Embajada de EEUU en Riad

| | 3 min read

Irán intensifica ataques y el Golfo entra en fase crítica

La guerra en Oriente Próximo ha cruzado un nuevo umbral. La madrugada de este martes, la Embajada de Estados Unidos en Riad fue alcanzada por dos drones que provocaron un incendio en el complejo diplomático. La confirmación llegó desde el propio Gobierno saudí, en medio de una escalada que ya no distingue fronteras en el Golfo.

Un portavoz del Ministerio de Defensa de Arabia Saudí informó en la red social X que el edificio sufrió daños materiales “menores” y que el fuego fue “limitado”. Aun así, el impacto simbólico es profundo: no es habitual que una legación diplomática estadounidense en territorio saudí se vea directamente afectada por un ataque aéreo. Las autoridades no han detallado el origen de los drones, aunque el contexto deja pocas dudas.

El incidente se produce mientras Irán mantiene una ofensiva abierta contra intereses estadounidenses en la región. La Guardia Revolucionaria iraní aseguró en un comunicado, difundido por la cadena estatal IRIB, que atacó con drones un edificio en Dubái donde, según su versión, se encontraban “más de 160 terroristas estadounidenses armados”. No aportó pruebas, pero el mensaje fue claro: Teherán quiere mostrar capacidad de respuesta.

La radiotelevisión pública iraní, que el lunes volvió a ser bombardeada por el Ejército israelí, informó además de más de 40 muertos y 70 heridos en uno de los ataques recientes, citando fuentes sobre el terreno. Las cifras no han podido ser verificadas de manera independiente.

En Riad, la reacción estadounidense fue inmediata. La misión diplomática emitió una orden de confinamiento para sus ciudadanos en Yeda, Riad y Dhahran. La recomendación fue tajante: refugiarse en casa de inmediato. También se anunciaron restricciones a los viajes no esenciales hacia instalaciones militares estadounidenses en la región. El mensaje interno es de máxima precaución.

La tensión no se limita a Arabia Saudí. Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos denunciaron este martes una oleada de misiles balísticos lanzados desde Irán contra su territorio. El Ministerio de Defensa emiratí afirmó que sus sistemas de defensa aérea estaban interceptando los proyectiles y aseguró que el país mantiene “plena disposición” para proteger su territorio y a sus ciudadanos.

La ofensiva iraní llega como represalia por los bombardeos que Estados Unidos e Israel iniciaron el pasado sábado contra objetivos en suelo iraní. Según fuentes iraníes, esos ataques han dejado más de 500 muertos, entre ellos el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. La magnitud de la cifra y la mención directa del máximo dirigente religioso y político subrayan la gravedad del momento.

En cuestión de días, el conflicto ha pasado de operaciones militares focalizadas a una dinámica de golpes cruzados entre potencias regionales y actores globales. Las capitales del Golfo, que durante años intentaron equilibrar relaciones entre Washington y Teherán, se encuentran ahora en la línea de fuego.

La pregunta ya no es si habrá nuevas represalias, sino dónde y con qué intensidad. Cada comunicado oficial, cada sirena antiaérea, añade presión a una región acostumbrada a la inestabilidad, pero no a una confrontación de esta escala. El riesgo de que el conflicto se desborde es real. Y el margen para la diplomacia parece, por ahora, cada vez más estrecho.

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