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El oscuro negocio de los corazones rotos en internet

| | 3 min read
Las estafas emocionales de simples perfiles falsos a operaciones de ingeniería social
El auge de la estafa amorosa: la IA automatiza el 'love bombing' y dispara el ciberdelito

La inteligencia artificial potencia el bombardeo afectivo en redes sociales

En el vasto océano digital, una nueva especie de depredador acecha bajo la apariencia del compañero ideal. Las estafas emocionales, o romance scams, han evolucionado de simples perfiles falsos a sofisticadas operaciones de ingeniería social que combinan la vulnerabilidad humana con el poder de la tecnología. 

En este escenario, América Latina se ha convertido en el epicentro global de la ciberdelincuencia, superando por primera vez a otras regiones en volumen de ataques durante el pasado año. Según Check Point, América Latina se posicionó en 2025 como la región más ciberatacada a nivel mundial, superando por primera vez a Asia-Pacífico. 

Datos del Informe de prospectives de ciberseguretat 2026, elaborado por la Agencia de Ciberseguridad de Cataluña, indican que las estafas, en general, ya representan un 90,9 % del total de la ciberdelincuencia en Cataluña, y señalan que se producen 200 denuncias por ciberestafa todos los días (una cada seis minutos)

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Trampas de amor y tecnología avanzada

El corazón de este fraude reside en el love bombing o bombardeo de amor. Esta técnica consiste en saturar a la víctima de afecto, promesas y atención constante para anular sus defensas naturales. Sin embargo, en 2026, los estafadores cuentan con un aliado invisible: la Inteligencia Artificial Generativa (IAG). 

Esta herramienta permite automatizar conversaciones y crear perfiles con una coherencia asombrosa. Ya no se trata solo de fotos robadas; ahora, mediante los deepfakes, los criminales pueden simular videollamadas con rostros y voces que parecen totalmente legítimos.

El proceso es quirúrgico. Los delincuentes seleccionan perfiles que muestran necesidades afectivas o rasgos de dependencia en aplicaciones de citas. Una vez establecido el contacto, crean una narrativa de lejanía —personificando a militares o cooperantes— que justifica por qué nunca pueden verse en persona. 

Esta distancia física es el escudo perfecto para que la manipulación química haga su trabajo en el cerebro de la víctima, generando una adicción a la atención recibida que nubla el juicio racional.

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El juicio social frente al engaño

El impacto de estas estafas no es solo económico, sino profundamente psicológico. La víctima no solo pierde sus ahorros, sino que debe enfrentar el duelo de una relación que nunca existió. 

La experta Patricia Hernández advierte que la bioquímica cerebral juega un papel crucial, anulando la capacidad de autoprotección. Cuando el estafador finalmente solicita dinero, la víctima ya está atrapada en una red de dependencia de la que es casi imposible escapar sin ayuda profesional.

A nivel judicial, el panorama es desolador. Muchas víctimas optan por el silencio debido a la vergüenza y el estigma social. Al haber entregado el dinero de forma "voluntaria", el sistema legal a menudo revictimiza a quienes denuncian, archivando casos por la dificultad de demostrar el engaño. 

Es imperativo que la sociedad desarrolle una mirada más compasiva, entendiendo que nadie es inmune a un ataque diseñado para hackear nuestras emociones más básicas. Con datos de publicación en UOC.

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Diómedes Tejada Gómez

Diómedes Tejada Gómez

Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com

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