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Vivimos un mundo sin reglas, según canciller alemán

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23/02/2025 Friedrich Merz POLITICA EUROPA ALEMANIA MICHAEL KAPPELER - DPA

Europa debe asumir su propia agenda sin romper con EE. UU.

Múnich.- El canciller alemán lanzó en Múnich una advertencia sin rodeos: el orden internacional que marcó las últimas décadas ha dejado de existir. Friedrich Merz habló ante líderes políticos, militares y diplomáticos reunidos en la Conferencia de Seguridad de Múnich y describió un escenario global que ya no se rige por las reglas surgidas tras el fin de la Guerra Fría. En su lectura, el mundo ha regresado a una lógica más cruda, más competitiva y menos previsible: la política de las grandes potencias.

No fue un discurso complaciente. Merz sostuvo que Europa debe asumir que su libertad ya no está garantizada por inercia histórica ni por la arquitectura institucional heredada. “La libertad ya no está asegurada”, vino a decir, en un mensaje que combinó realismo estratégico y llamado a la acción. Para el líder alemán, el continente enfrenta una etapa que exige firmeza, determinación y la disposición a hacer sacrificios.

Desde el estrado bávaro, el canciller planteó que la etapa “unipolar” que siguió a la caída del Muro de Berlín quedó atrás. Aquella fase, dominada por el liderazgo global de Estados Unidos, dio paso a una dinámica distinta. No se trata solo de la rivalidad entre Washington y Pekín, advirtió, sino de un cambio más profundo en la forma en que los Estados ejercen poder.

La competencia ya no se limita a la diplomacia tradicional; ahora incluye la instrumentalización de dependencias económicas, tecnológicas y energéticas. Es una política “rápida, dura y a menudo impredecible”, en palabras del propio Merz.

La referencia a la caída del muro no es menor. Alemania ha sido uno de los principales beneficiarios del orden internacional liberal, basado en normas, comercio abierto y alianzas estables.

Ese marco permitió la reunificación alemana y el ascenso económico de la Unión Europea. Pero, según el canciller, ese entramado normativo está siendo erosionado por potencias que priorizan la fuerza y la ventaja estratégica sobre el consenso multilateral.

El mensaje central fue claro: Europa no puede actuar como si nada hubiera cambiado. Debe aceptar la nueva realidad sin resignarse a ella. “Podemos moldearla”, afirmó. Esa frase resume su planteamiento: reconocer el giro geopolítico no implica claudicar, sino adaptarse con inteligencia y cohesión.

En ese contexto, Merz defendió el fortalecimiento de una agenda europea propia. Habló de la necesidad de apostar por las capacidades internas —en defensa, economía e innovación— y de avanzar con mayor rapidez en decisiones estratégicas. El ritmo de la “reconfiguración” mundial, admitió, supera a menudo la velocidad de reacción europea. Esa brecha, en su opinión, debe cerrarse cuanto antes.

Sin embargo, el canciller fue enfático en un punto: desarrollar una agenda autónoma no significa romper con Estados Unidos. En medio de las tensiones transatlánticas y de los debates sobre la fiabilidad de Washington como socio, Merz pidió cautela. No comparte, dijo, la idea de que Europa deba dar por perdido automáticamente a su aliado histórico. Entiende las inquietudes, pero considera que un distanciamiento precipitado sería un error estratégico.

A su juicio, existen realidades geopolíticas en el continente que obligan a mantener el vínculo con Washington. La OTAN sigue siendo un pilar de la seguridad europea, y el potencial de la relación transatlántica no debe subestimarse. La clave, planteó, es equilibrar: fortalecer la autonomía europea sin caer en rupturas que debiliten al bloque.

El canciller también abrió la puerta a una red de alianzas más amplia. Mencionó la posibilidad de estrechar lazos con países como Canadá, Japón, Brasil, Turquía o India, bajo una premisa clara: respeto a los acuerdos y resolución conjunta de conflictos. En un mundo más fragmentado, Europa debe diversificar sus socios y reducir vulnerabilidades.

En materia de defensa, el mensaje fue inequívoco. Europa necesita invertir más, coordinar mejor y actuar con mayor cohesión. Merz apeló a la solidaridad interna y descartó cualquier tentación hegemónica por parte de Alemania. “Nunca más actuaremos en solitario”, afirmó, en una referencia implícita a las lecciones históricas del siglo XX. La libertad, subrayó, solo puede afirmarse junto a vecinos y aliados.

La intervención del canciller se produce en un momento de alta tensión global: guerras abiertas en distintas regiones, competencia tecnológica entre potencias y una economía mundial marcada por el proteccionismo y las disputas comerciales. En ese escenario, su advertencia apunta a algo más que un ajuste retórico. Es una llamada a redefinir la estrategia europea.

La Conferencia de Seguridad de Múnich, foro habitual de diagnósticos geopolíticos, sirvió esta vez como escenario para un diagnóstico severo. El orden internacional que muchos daban por sentado ya no ofrece garantías automáticas. Las reglas se discuten, se desafían y, en ocasiones, se ignoran.

Merz no ofreció soluciones mágicas ni fórmulas simples. Su discurso, más que un programa cerrado, fue una invitación a asumir responsabilidades. Europa, sostuvo, debe cambiar el chip: reforzar su base económica, invertir en defensa, proteger sus valores y actuar con mayor cohesión. Solo así, dijo, podrá resistir la tormenta y abrir nuevas oportunidades.

En síntesis, el canciller dibujó un panorama exigente. El mundo es más áspero, menos previsible y más competitivo. Para Europa, la alternativa no es la nostalgia por un orden que se desvanece, sino la construcción activa de su lugar en la nueva etapa. La libertad —insistió— no es un legado automático. Es una tarea permanente.

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