Bad Bunny hace historia en el Super Bowl LX
El boricua toma el escenario global con un show caribeño inolvidable
SANTA CLARA.— Durante años, el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl fue un territorio casi exclusivo del pop anglosajón. La noche de este domingo, en el Levi’s Stadium, esa frontera se desdibujó por completo, el puertorriqueño Bad Bunny salió al centro del escenario y, sin cambiar de idioma ni suavizar su propuesta, convirtió el intermedio del Super Bowl LX en una celebración latina a escala planetaria. No fue una concesión al mercado: fue una afirmación cultural.

Desde el primer segundo quedó claro que aquello no iba a ser un desfile de éxitos al uso. El campo se transformó en una postal caribeña futurista, con pantallas envolventes, colores saturados y una puesta en escena que mezcló tradición popular con tecnología de última generación.
Benito Martínez Ocasio apareció sobre un carretón inspirado en los que recorren los barrios de Puerto Rico, convertido aquí en una pieza escénica monumental. El mensaje era directo: esta historia se cuenta desde el Caribe.
El repertorio avanzó con ritmo sostenido, sin pausas innecesarias ni artificios vacíos. Trap, reguetón y arreglos orquestales convivieron con naturalidad, mientras el estadio respondía con una energía poco habitual para un show íntegramente en español. No hubo traducciones ni guiños forzados al público angloparlante. Las letras sonaron tal como fueron concebidas, y el público las siguió sin titubeos.
Uno de los momentos más comentados llegó con la aparición de Ricky Martin. Lejos del cameo superficial, su presencia funcionó como un puente simbólico entre generaciones.
Sentado en una silla plástica, tan común en cualquier patio boricua, Martin compartió escenario con Bad Bunny en una escena cargada de memoria y continuidad. Bailaron, sonrieron y celebraron una identidad que ha sabido reinventarse sin perder raíces.

La sorpresa mayor, sin embargo, fue Lady Gaga. La cantante irrumpió desde una plataforma elevada para sumarse al espectáculo con una versión urbana de “Die With a Smile”. Sin dramatismos ni excesos, se integró al universo sonoro de Bad Bunny con una soltura que confirmó la vigencia global del lenguaje latino. En “Baile Inolvidable”, incluso se animó a seguir el pulso del reguetón, desatando la ovación del estadio.
El despliegue visual acompañó sin robar protagonismo. Más de un centenar de bailarines, coreografías precisas y un uso medido de la realidad aumentada convirtieron el Levi’s Stadium en una fiesta callejera amplificada por millones de pantallas. Selva tropical, balcones caribeños y referencias a San Juan aparecieron y desaparecieron con fluidez, sin saturar.
El cierre fue sobrio y contundente: pirotecnia en forma de corazón iluminando el cielo californiano y Bad Bunny despidiéndose sin discursos grandilocuentes. No hizo falta. El mensaje ya estaba dado. En el Super Bowl LX, el español no fue invitado especial: fue protagonista. Y el pop global, una vez más, tuvo que adaptarse al ritmo que marcó el Caribe.
Yamilé Tejada Tapia
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