Un hallazgo científico que revela los secretos del manto planetario
El mapa del rugido profundo que redefine la geología terrestre
Bajo nuestros pies, más allá de la capa sólida que pisamos, la Tierra esconde un latido inesperado. Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford ha logrado romper los paradigmas de la geofísica al presentar el primer mapa global de terremotos que no nacen en la superficie, sino en las profundidades viscosas del manto terrestre.
Este estudio, publicado recientemente en la revista Science, y recoge Europa Press, abre una ventana inédita hacia las mecánicas internas de nuestro mundo, permitiendo observar el comportamiento del planeta desde una perspectiva casi celular.
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Ecos sísmicos bajo el suelo continental
Durante años, la comunidad científica debatió si el manto, una capa cálida y semisólida de casi 3.000 kilómetros de espesor, tenía la capacidad de fracturarse y generar sismos.
Mientras que la mayoría de los temblores ocurren en la corteza frágil, entre los 10 y 30 kilómetros de profundidad, este nuevo atlas identifica eventos que se originan muy por debajo de la denominada discontinuidad de Mohorovicic, o "el Moho".
Estos sismos del manto son raros, pero su presencia en regiones como el Himalaya o el estrecho de Bering sugiere que el interior de la Tierra es mucho más dinámico de lo que sospechábamos.
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Ondas invisibles que revelan nuevos orígenes
Para cazar estos eventos invisibles, los científicos Shiqi Wang y Simon Klemperer diseñaron una técnica innovadora que compara la "firma" de las vibraciones. Al analizar las ondas Sn, que viajan por la parte superior del manto, y contrastarlas con las ondas Lg que rebotan en la corteza, lograron filtrar un mar de datos masivo.
De un conjunto de 46.000 registros, rescataron 459 terremotos del manto continental ocurridos desde 1990, estableciendo un método que permite identificar el origen de un sismo simplemente analizando la forma de su onda.
Aunque estos temblores son demasiado profundos para representar un peligro directo para las ciudades, funcionan como un laboratorio natural. Nos permiten entender mejor la convección térmica y cómo el reciclaje de las placas tectónicas influye en los terremotos más superficiales que sí nos afectan.
Para los expertos de Stanford, este es solo el inicio de una comprensión sistémica donde la corteza y el manto no son entidades separadas, sino piezas de un ciclo sísmico interconectado que late en las entrañas del globo.
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