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Analista: se ignora la naturaleza de la infraestructura digital que se construye

| | 3 min read
Intecnología 2024 presenta proyectos en inteligencia artificial y sostenibilidad

Unos ven una burbuja a punto de estallar, otros, la construcción de los cimientos del próximo siglo.

La frialdad de los números a menudo choca con la efervescencia de la innovación. Hoy, el sector tecnológico se encuentra en una encrucijada donde el gasto de capital se ha convertido en el principal termómetro del miedo. Con una cifra que ronda los 660.000 millones de dólares proyectados para este año, los gigantes de Silicon Valley han desatado una tormenta de dudas en Wall Street. 

Sin embargo, lo que muchos interpretan como una burbuja a punto de estallar, otros lo ven como la construcción de los cimientos del próximo siglo.

Nigel Green, líder de deVere Group, es uno de ellos. Sostiene una visión que desafía el pesimismo actual. Para el analista, el retroceso en las acciones tras los anuncios de Amazon, Google, Microsoft y Meta no es más que una reacción visceral ante la magnitud de la inversión, una que ignora la naturaleza de la infraestructura digital.

Nigel Green, director ejecutivo de deVere Group.

La infraestructura que sostiene el mañana

Amazon ha roto todos los esquemas al proyectar un gasto de 200.000 millones de dólares, superando con creces las expectativas de los analistas más conservadores. Esta cifra no es un simple capricho corporativo; es la respuesta a una carrera armamentista tecnológica que no admite rezagados. 

El error de los inversores radica en buscar una rentabilidad inmediata, similar a la venta de un producto de consumo, cuando en realidad se está instalando la "capa fundamental" que permitirá el funcionamiento de toda la economía futura, indica Nigel Green.

Añade que gran parte de estos fondos se destinan a centros de datos y hardware especializado que tienen una vida útil prolongada. Aunque el desembolso de efectivo es instantáneo y asusta a las hojas de cálculo, su impacto contable y su capacidad operativa se distribuirán a lo largo de décadas. No estamos ante un gasto operativo efímero, sino ante la creación de activos estratégicos de largo alcance.

Rentabilidad invisible pero con gran impacto

La narrativa de que la inteligencia artificial debe generar una factura directa para ser rentable es, según Green, un análisis incompleto. La verdadera ganancia se filtra a través de las grietas de la eficiencia: una retención de clientes más sólida, un poder de fijación de precios superior en servicios en la nube y una reducción drástica en la pérdida de usuarios. 

En plataformas de escala global, una mejora del 1% en la eficiencia operativa se traduce en miles de millones de dólares en beneficios recurrentes.

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En el sector de la nube, la economía es aún más transparente. A medida que las empresas integran estas herramientas, los contratos se vuelven más valiosos y los márgenes, lejos de erosionarse, tienden a fortalecerse por la dependencia tecnológica que generan. Es una ventaja competitiva que se profundiza con cada servidor instalado.

El riesgo real, irónicamente, no es gastar demasiado, sino quedarse corto. En un ecosistema donde la relevancia depende de la capacidad de procesamiento, la inacción es el camino más rápido hacia la irrelevancia.

La historia financiera está plagada de dudas sobre grandes inversiones en infraestructura —desde el ferrocarril hasta la fibra óptica— que terminaron siendo los motores del crecimiento mundial. Esta fase de inversión no es un salto al vacío, sino el suelo que pisaremos mañana, concluye el analista financiero.

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Diómedes Tejada Gómez

Diómedes Tejada Gómez

Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com

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