Escogido campeón: rugido eterno y corona 18 en LIDOM
Una noche roja, un último out legendario y un país que volvió a creer
Santo Domingo. La pelota dominicana volvió a teñirse de rojo. Con una victoria 1-0 sobre los Toros del Este, los Leones del Escogido conquistaron este martes su corona número 18 y sellaron el bicampeonato de la LIDOM con un dominio claro en la Serie Final, que cerraron 4-1. No fue un título más: fue una noche de nervios, de orgullo, de memoria colectiva y de esas historias que el béisbol se empeña en regalar cuando parece que ya lo ha contado todo.

El Estadio Quisqueya Juan Marichal fue escenario de un duelo tenso, cerrado, casi quirúrgico. La única carrera del partido llegó temprano, en la primera entrada, pero su peso fue gigantesco. Héctor Rodríguez abrió la ofensiva con sencillo.
Toros del Este dejan en el terreno al Escogido y ganan 3-2
Erik González le siguió con otro imparable al central y, tras dos rodados productivos, Rodríguez cruzó el plato con la carrera que bastó para desatar la locura escarlata horas más tarde. No hubo más margen, no hizo falta. La noche pedía precisión, y el Escogido respondió con disciplina y carácter.
Desde el montículo, la historia fue colectiva. Grant Gavin abrió el camino con 3.2 entradas de control, temple y silencio. Luego desfiló un bullpen que entendió perfectamente la magnitud del momento: Kenny Hernández, Conner Greene, Derek West, Jefry Yan, Alexander Colomé, Aneurys Zabala y Matt Foster. Ocho brazos, un mismo objetivo. Ocho brazos sosteniendo una blanqueada que terminó siendo un símbolo: nadie iba a romper ese muro.
Matt Foster cerró el noveno sin titubeos, retirando a los tres bateadores que enfrentó y apuntándose el salvamento. El último out cayó en el guante de Sócrates Brito. Y ahí la historia se hizo poesía.

Porque si algo tuvo esta final fue narrativa. Por segundo año consecutivo, Brito fue protagonista del out 27. El año pasado se lanzó de cabeza en el jardín derecho para salvar el campeonato. Esta vez, saltó contra la pared para capturar un batazo peligroso de Jeimer Candelario. Otra vez él. Otra vez el 27 de enero. Otra vez el Escogido campeón. Esas coincidencias que parecen guion, pero que solo el deporte real puede sostener sin caer en la exageración.
“Muchas personas nos subestimaron… pero este grupo nunca dejó de creer”, dijo Brito, con la voz entrecortada por la emoción. No fue un discurso prefabricado: fue el resumen honesto de un equipo que se mantuvo unido cuando el entorno dudaba.
Esa palabra —unidad— se repitió como un eco en cada testimonio. Erik González, titular indiscutible en el campocorto durante toda la serie, lo explicó con claridad: “Nos conocemos, confiamos unos en otros y hacemos el trabajo”. Su liderazgo silencioso fue clave en la defensa y oportuno con el bate.
Michael De La Cruz, quien llegó vía draft de reingreso y terminó ganándose un espacio protagónico en la receptoría, habló desde la gratitud. “Me adoptaron desde el primer día”, confesó. Su aporte ofensivo en momentos decisivos, especialmente en el cuarto juego de la final, terminó marcando diferencia.
José Marmolejos, sólido en la inicial y oportuno en la postemporada, fue directo: “Aquí hay una unidad real. Todos remamos para el mismo lado”. Y esa sensación se respiraba no solo en el terreno, sino también en el dugout, en las gradas, en las calles cercanas al estadio donde la celebración comenzó antes del último out.
El reconocimiento individual más alto de la Serie Final fue para Alcides Escobar, elegido Jugador Más Valioso tras batear .333, empujar cinco carreras, conectar un cuadrangular y exhibir una defensa impecable en la antesala. Pero incluso su discurso fue más colectivo que personal. “Era muy difícil perder con un grupo así”, dijo. Y no parecía una frase hecha: parecía una conclusión lógica.




El campeonato 18 no solo engrandece la historia del Escogido, también renueva su presente. Este equipo, con mezcla de veteranos curtidos y jóvenes decididos, supo competir con inteligencia, adaptarse a la presión y sostener un plan de juego claro. No ganó por casualidad. Ganó porque fue mejor cuando más importaba.
Ahora, los Leones serán los representantes de la República Dominicana en la Serie del Caribe, que se celebrará del 1 al 7 de febrero en Guadalajara, México. Irán con la confianza alta, con un grupo cohesionado y con la etiqueta de bicampeones que pesa, pero también inspira.
Mientras tanto, en Santo Domingo, la noche siguió su curso entre bocinas, camisetas rojas, abrazos interminables y esa frase que se repetía como consigna: “Somos campeones otra vez”. Porque más allá de la estadística, el béisbol dominicano se alimenta de emoción. Y esta final dejó de sobra.
El rugido volvió a escucharse. Y esta vez, resonó más fuerte que nunca.
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