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Carney advierte: el mundo vive una ruptura, no una transición

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El primer ministro canadiense critica el uso de la economía como arma y aboga por una mayor autonomía estratégica.

MADRID, 20 de enero (Europa Press). – El mundo no está en transición. Está en ruptura. Esa es la contundente advertencia que lanzó este martes el primer ministro de Canadá, Mark Carney, desde el Foro Económico Mundial de Davos. En un discurso directo, Carney acusó a las grandes potencias de utilizar la integración económica global “como un arma” y los aranceles como una herramienta para sacar ventaja, desmontando la idea de un sistema basado en beneficios mutuos.

“Dejadme ser directos”, dijo Carney ante el auditorio. “Durante las últimas dos décadas, una serie de crisis han dejado al descubierto las grietas. Y a esto se suma que las grandes potencias han comenzado a usar la economía como arma”.

Para el líder canadiense, el escenario ya no es de evolución, sino de fractura. Un momento en el que la infraestructura financiera sirve de “medida de coacción” y las cadenas de suministro se convierten en puntos débiles que pueden ser explotados.

La respuesta: autonomía estratégica

Ante este panorama, Carney señaló una tendencia inevitable y, a su juicio, comprensible: la búsqueda de una mayor autonomía estratégica por parte de numerosos países. “Un país que no puede alimentarse o defenderse solo tiene pocas opciones”, afirmó. Esta soberanía renovada ya no se basaría únicamente en normas internacionales, sino “en la capacidad de resistir la presión”.

Canadá, según expuso, ya está en ese camino. El país planea duplicar su gasto en defensa para finales de esta década con el objetivo de fortalecer sus industrias domésticas. Pero la estrategia no es solo militar. “Vamos a diversificar”, anunció.

En los últimos seis meses, Ottawa ha sellado doce acuerdos comerciales y de seguridad con cuatro naciones, además de un pacto estratégico con la Unión Europea. Las negociaciones avanzan con India, Mercosur y la ASEAN, entre otros.

Un juego de poderes donde los intermedios se unen

Carney dibujó un mundo de realpolitik económica donde las reglas han cambiado. “Las potencias intermedias deben actuar juntas, porque si no se sientan a la mesa, acaban en el menú”, afirmó con crudeza. Mientras las grandes potencias tienen el músculo para actuar en solitario, los países como el suyo se ven obligados a negociar desde una posición de debilidad en relaciones bilaterales desequilibradas.

Por ello, la apuesta canadiense pasa por construir “coaliciones variables” según los temas, agrupándose con socios que compartan valores e intereses concretos. Dos ejemplos claros son su papel como uno de los mayores contribuyentes per cápita a la defensa de Ucrania y su postura firme en el Ártico, donde junto a Dinamarca apoya el derecho de Groenlandia a decidir su futuro.

Recursos y capital frente a la incertidumbre

El mensaje final de Carney fue de fortaleza basada en recursos. “Canadá tiene lo que todo el mundo quiere”, declaró, enumerando su capacidad energética, sus reservas de minerales críticos, su capital humano y su sólido sistema financiero. Reivindicó la solidez fiscal de su gobierno y la sofisticación de sus inversores como activos clave para navegar esta era de incertidumbre.

Su intervención en Davos dejó poco espacio para la ambigüedad: la era de la globalización ingenua ha terminado. La prioridad ahora, para Canadá y para muchos, es construir resiliencia en un sistema internacional donde la cooperación ya no es un axioma, sino una elección táctica que debe demostrar su valor cada día.

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