Este sábado comienza a regir un nuevo tratado de protección marina
Tras más de veinte años de negociaciones, el acuerdo convierte la conservación oceánica en una obligación jurídica
El mapa político del océano cambia a partir de este sábado. Con la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, la comunidad internacional abre un nuevo capítulo en la protección de los espacios marinos que no pertenecen a ningún país, pero de los que depende toda la humanidad.
Tras más de veinte años de negociaciones, el acuerdo convierte la conservación oceánica en una obligación jurídica y no solo en una aspiración diplomática.
Impulsado bajo el paraguas de las Naciones Unidas, el tratado establece reglas claras para cuidar la biodiversidad marina en aguas internacionales y en el lecho marino.
El secretario general António Guterres lo ha descrito como un paso decisivo frente a la crisis climática, la pérdida de especies y la contaminación, tres amenazas que avanzan juntas y ponen en riesgo el equilibrio del planeta.
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Un pacto que cruza fronteras
La entrada en vigor fue posible tras la ratificación de 60 Estados, entre ellos potencias económicas y países en desarrollo.
América Latina y el Caribe han tenido una participación destacada, con una amplia lista de países que ya incorporaron el acuerdo a su legislación nacional.
Otras grandes economías lo han firmado, aunque aún deben completar sus procesos internos, lo que mantiene abierta la presión política y social para avanzar.
El tratado no solo regula la explotación de recursos, sino que redefine la alta mar como un bien común global.
Su objetivo es evitar que solo los actores con mayor capacidad tecnológica y financiera se beneficien de estos espacios, promoviendo una gestión sostenible pensada para las generaciones presentes y futuras.
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Biodiversidad, clima y justicia global
Uno de los aspectos más novedosos es su enfoque inclusivo. El texto reconoce la participación de pueblos indígenas y comunidades locales, e incorpora la igualdad de género en los procesos de gobernanza oceánica.
Además, refuerza la Convención sobre el Derecho del Mar, actualizando sus vacíos frente a desafíos contemporáneos como el cambio climático y los objetivos de desarrollo sostenible.
Organizaciones ambientales como Greenpeace celebran el tratado como un punto de inflexión. Recuerdan que el océano regula el clima, produce gran parte del oxígeno que respiramos y sostiene a miles de millones de personas.
También subrayan que este logro es fruto de una movilización global persistente, más allá de los despachos gubernamentales.
Con el tratado ya en vigor, los países firmantes deberán reunirse en el plazo de un año para evaluar avances y definir prioridades.
El reto ahora no es menor: transformar las palabras en acciones eficaces que protejan dos tercios del planeta y aseguren un futuro viable para la vida marina y humana. Con datos de la agencia IPS.
Diómedes Tejada Gómez
Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com
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