Justicia para el maestro de Boca Chica que unía dos mundos laborales
Sentencia de veinte años por el crimen del profesor y taxista
La madrugada del 27 de agosto de 2024 dejó de ser una rutina de esfuerzo para convertirse en una tragedia que conmocionó al sector de Boca Chica. Antonio de la Cruz Pérez no era solo un nombre en un expediente; era un profesor de educación física que, antes de que el sol iluminara las aulas, recorría las calles como taxista para sustentar sus sueños. Sin embargo, su vocación de servicio fue truncada por la violencia ciega de la delincuencia.
Recientemente, el Segundo Tribunal Colegiado de Santo Domingo Este dictó una condena de 20 años de prisión contra Yorkis Daniel Sosa Medina, conocido en el bajo mundo como "Yorkito". La sentencia llega tras un proceso donde el Ministerio Público logró reconstruir las piezas de un rompecabezas mortal que acabó con la vida de un hombre ejemplar.
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El peso de la ley prevalece
Durante el juicio, el fiscal investigador Juan A. Olivares presentó un arsenal de pruebas que no dejaron espacio a la duda. El tribunal, compuesto por los jueces Josefina Ubiera Guerrero, Yury Cuevas de la Cruz e Isaías R. Martínez, validó los argumentos que señalaban a Sosa Medina como coautor de un homicidio agravado.
El encartado fue hallado culpable de violar múltiples artículos del Código Penal Dominicano, incluyendo aquellos relacionados con la asociación de malhechores y el robo con violencia.
El relato de los hechos es estremecedor: el profesor De la Cruz salió de su hogar a las 5:00 de la madrugada, listo para su primera jornada del día. Fue en ese trayecto donde recogió a Sosa Medina y a su cómplice, Alfredo Tifá Reyes.
Lo que debía ser un simple servicio de transporte terminó en una emboscada fatal. Los agresores dispararon contra el docente para despojarlo de su vehículo, abandonando su cuerpo sin vida en las inmediaciones del residencial Riviera del Caribe.
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Un rastro de sangre y evidencias
La soberbia del victimario fue su propia perdición. Tras el crimen, Sosa Medina intentó normalizar la posesión del vehículo de la víctima en el sector Los Frailes II, llegando incluso a intentar cambiar la placa del automóvil marca Hyundai Sonata.
Sin embargo, el análisis técnico de balística fue determinante: el casquillo recolectado en la escena del crimen coincidía plenamente con el arma ocupada al momento de la detención.
Ahora, el sentenciado deberá cumplir su deuda con la sociedad en el Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo Hombres.
Aunque los años de cárcel no devolverán el silbato al patio de recreo ni el maestro a sus alumnos, esta sentencia marca un precedente necesario en la lucha contra la impunidad en Santo Domingo Este.
Diómedes Tejada Gómez
Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com
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