Castigo drástico para antisociales que descartan a niñas y niños
Definitivamente, la familia olvidó su significativo rol.
“Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar, los niños, las niñas no pueden, ahora es el momento, sus huesos están en formación, su sangre también lo está y sus sentidos se están desarrollando a él, a ella, nosotros no podemos contestarle mañana, su nombre es hoy”.
Este axioma de la insigne maestra, Gabriela Mistral, es más que oportuno hoy que la salud de la sociedad dominicana se resquebraja ante las constantes desapariciones de niño, niñas, adolescentes, y conducta violenta de todo tipo por parte de integrantes de su núcleo familiar o quienes están llamado a convertirse en su red de apoyo.
Definitivamente, la familia olvidó su significativo rol. “A los niños, antes de enseñarles a leer, hay que ayudarles a aprender lo que es el amor y la verdad”, solía profesar el más importante ícono mundial de la paz, Mahatma Gandhi. Esto compete principalmente a papá y a mamá, porque ya abuela y abuelo criaron.
Con el caso acontecido el 31 de diciembre del recién finalizado año 2025, en Imbert, uno de los municipios más importantes del país, parte de la provincia que tiene el destino turístico clave en la costa norte de la nación: Puerto Plata, también conocida como La Novia del Atlántico.
Localidad poseedora de riqueza histórica, entre ella el cruce ferroviario, la Fortaleza San Felipe, el centro victoriano. De sin igual belleza natural que abarca vegetación, bosque, montaña, agua dulce y salada. Con atractivos como los Saltos o 27 Cascadas de Damajagua, ríos. Un Teleférico, y la naturaleza le dotó de ámbar; resina vegetal; piedra preciosa. Un terruño afortunado, bendecido por Dios, con más de 20 playas de gran importancia.
Entre ellas: Playa Dorada, Sosúa, Cabarete, Cofresí, Punta Rucia, Luperón y Encuentro, con diferentes atractivos, aguas tranquilas, paraíso para surfistas y kitesurfistas. Opciones para descanso y deportes acuáticos. Pero, ni sus famosas playas, montañas, historia, ríos, paisajes espectaculares, importante puerto, resorts, deportes y actividades que le catapulta como una provincia mimada por visitantes nacionales e internacionales, podrán borrar el sabor amargo de retama que dejó en la psiquis colectiva, el hecho atroz cometido por dos tíos confesos, hacia una niña de tres años. ¡Horrendo!
¡La familia debe dejar de hacer caso omiso de normas como la Ley 136-03, Código para el Sistema de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes y de tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño! Es llamada la primera organización responsable de asegurar los derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes. Debe garantizar el desarrollo integral de las personas menores de edad, mediante protección, cuidado, educación, respeto a su identidad, proveerles un ambiente de amor y comprensión, actuando siempre en su interés superior. Protegerlos de todo peligro, abuso, explotación…
Pero eso no es importante para dos adultos como Rafael Rosario Núñez, de 52 años, y Reyes Rosario Núñez, de 43. Dos despojos humanos, simuladores, escorias sociales, que le fallaron a nuestra sociedad, a su familia y al Creador, cometiendo un crimen macabro contra una inocente e indefensa niña de Dios: dos tíos antisociales, que no cambiarán su conducta por más pena que purguen en prisión carcelaria.
Si bien es cierto que nuestras autoridades judiciales deben resarcir el daño, también, deben enviar un mensaje contundente a la sociedad mediante un castigo ejemplar para estos criminales. Así evitaremos réplicas. Recordar que “sólo podemos aspirar a dejar dos legados duraderos a nuestros hijos e hijas: uno, raíces; y el otro, alas”. Como sabemos, estos dos residuos humanos, cortaron las alas de una cándida niña. Estamos en duelo como país y esa no es la cara de la población dominicana. Somos gente buena, alegre, solidaria. Ellos no nos representan, por el contrario, nos llenan de vergüenza.
Como Estado comprometido con su población, con el bienestar generalizado, mediante la salvaguarda de derechos humanos y fundamentales, se debe observar la protección de derechos emergentes, dados los cambios sociales. Las sanciones del sistema de justicia ameritan ser más tajantes. Máxime, en un país que exhibe ser poseedor de una economía emergente y dinámica: la más grande del Caribe y Centroamérica, debido a su crecimiento constante. Como se observa, esto no es compatible con el progreso, porque este, parafraseando a Albert Einstein, no tiene ningún sentido mientras haya niños y niñas infelices.
Hablamos de algo más profundo que eso. Hay evidencia confesa de múltiples violaciones a los derechos humanos de la menor de edad, incluso, la posible muerte, de acuerdo a sus verdugos. iCaramba!. “La única riqueza en este mundo son los niños y las niñas, más que todo el dinero y el poder”. Es evidente que estos antisociales, desprecian a la sociedad. Con el horripilante hecho cometido hacia la párvula, lo han dejado más que claro. Por tanto, la población debe mantenerse pujante, solicitando justicia, atenta de forma permanente.
Pero la familia debe volver a su compromiso, cuidar y proteger a la niñez y adolescencia, para que viva con bienestar. Imploramos a nuestras autoridades, organizaciones representativas de la sociedad, como las que hoy nos ocupan en estas líneas, ahondar en educación para todos los segmentos poblacionales, promocionar valores universales, más políticas públicas operativas, más acción, menos retórica, ante esta evidente amnesia social. Como bien dicen Los Guaraguaos: “no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz”.
Hasta pronto.
La autora reside en Santo Domingo
Es educadora, periodista, abogada y locutora.
Emilia Santos
Reside en Santo Domingo, República Dominicana. Es educadora, periodista, abogada y locutora.
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