Los retos de Groenlandia: las apuestas y los riesgos para inversores globales
Ante los planes de Trump, la isla se levanta como un ambicioso trofeo ártico que desafía la ingeniería moderna
Lo que inicialmente fue percibido como una propuesta retórica, hoy se ha consolidado como una realidad financiera ineludible y es que los mercados están comenzando a valorar a Groenlandia no solo como un territorio soberano, sino como un activo estratégico de primer orden.
Según el director ejecutivo de deVere Group, Nigel Green, la posibilidad de que la administración de Donald Trump profundice su influencia en la isla ha disparado el interés en sectores vinculados a la minería de tierras raras y la logística polar.
Recursos críticos bajo la mira estadounidense
Groenlandia alberga algunas de las reservas más grandes de litio, grafito y níquel del hemisferio occidental, componentes vitales para la fabricación de semiconductores y vehículos eléctricos.
Por eso Washington ve en la isla la oportunidad definitiva para romper la dependencia de China, país que actualmente domina el procesamiento de estos minerales. Para los analistas, el control sobre estos yacimientos equivale a poseer una "llave maestra" sobre el destino industrial y la modernización militar de la próxima década.
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Rutas árticas transforman el comercio global
El interés estadounidense no se limita al subsuelo. El deshielo está abriendo corredores marítimos en el norte que prometen reducir drásticamente los tiempos de transporte entre continentes. Si estas rutas se consolidan, Groenlandia pasará de ser una zona periférica a convertirse en un punto clave de la logística mundial.
Este cambio estructural atrae capital de largo plazo e inversores institucionales que buscan posicionarse antes de que la competencia geopolítica encarezca aún más los activos de infraestructura en la región.
Soberanía y desafíos en suelo polar
A pesar del entusiasmo financiero, el camino hacia la explotación total presenta obstáculos significativos, advierte green. Las autoridades locales han sido enfáticas en que la autonomía de Groenlandia no está en venta, y las estrictas normativas ambientales suponen un reto para cualquier operación minera masiva.
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Groenlandia es una pesadilla de ingeniería
Sin embargo, aunque Washington proyecta a Groenlandia como un "lingote de oro" de recursos, se enfrenta a una realidad geográfica implacable. Expertos advierten que, más allá del teatro político, la isla es una pesadilla de ingeniería debido a su nula infraestructura, climas extremos y seis meses de oscuridad total que paralizan cualquier operación minera, recoge Xataca.
Aunque se estima que la isla posee hasta 42 millones de toneladas de tierras raras, su extracción requiere inversiones de miles de millones de dólares que aún no se materializan.
El yacimiento de Tanbreez, visto como la alternativa occidental al monopolio de China, planea iniciar operaciones en 2027, pero enfrenta costes de procesamiento que superan los 1.000 millones de dólares.
El referido medio acude a analistas de Bloomberg que señalan que el entusiasmo de la Casa Blanca podría ser una ilusión óptica, pues ninguna gran minera ha logrado extraer beneficios rentables de un suelo que devora la logística.
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Importancia logística en nuevas rutas comerciales
El verdadero valor de Groenlandia no estaría solo en su subsuelo, sino en su ubicación. El deshielo del Ártico está abriendo corredores que reducen las rutas entre Europa y Asia en un 40% respecto al Canal de Suez.
Bajo la llamada "Doctrina Donroe", Trump busca asegurar este "portaaviones insumergible" para adelantarse a los rompehielos rusos. Controlar este punto permite a Estados Unidos dominar el comercio global del siglo XXI, transformando un páramo blanco en el nuevo centro de gravedad de la economía y la defensa mundial.
A pesar de las promesas de prosperidad, el 85% de la población local rechaza la anexión, prefiriendo la soberanía propia a cambiar el subsidio danés por el control estadounidense.
Mantener el estado de bienestar en la isla le costaría a Washington cientos de miles de millones de dólares, una cifra astronómica para un territorio donde la voluntad política aún no puede derretir el hielo ni construir los puertos necesarios para la gran escala industrial.
No obstante, el flujo de capital estadounidense y las garantías estratégicas de la Casa Blanca sugieren que la carrera por los recursos del Ártico no ha hecho más que empezar, marcando el inicio de un nuevo ciclo de soberanía industrial.
Diómedes Tejada Gómez
Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com
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